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En estas semanas se habla mucho del fundamentalismo musulmán, hasta el punto de que se olvida que existe también un fundamentalismo cristiano, especialmente en Estados Unidos. Ya sé que me dirán que los fundamentalistas cristianos organizan espectáculos en las televisiones dominicales, mientras que los fundamentalistas musulmanes derriban las Torres Gemelas, y por tanto son estos  últimos los que nos preocupan.

Sin embargo, ¿hacen lo que hacen porque son fundamentalistas? ¿O porque son integristas? ¿O porque son terroristas? Y, del mismo modo que hay musulmanes no árabes y árabes no musulmanes, ¿hay también fundamentalistas que no son terroristas? ¿O que no son integristas? Por lo general fundamentalismo e integrismo se consideran conceptos muy relacionados entre sí, y como dos formas de intolerancia. Lo que nos induce a pensar que todos los fundamentalistas son integristas y, por tanto, intolerantes y, por tanto terroristas. Pero aunque esto fuera cierto, de ello no se seguiría que todos los intolerantes sean fundamentalistas e integristas, ni que todos los terroristas sean fundamentalistas (no lo eran las Brigadas Rojas y no lo son los terroristas vascos).

Desde un punto de vista histórico, el fundamentalismo está vinculado a la interpretación de un libro sagrado. El fundamentalismo protestante de Estados Unidos en el siglo XIX (que todavía perdura) se caracterizó por la decisión de interpretar literalmente las Escrituras, sobre todo en cuanto se refiere a las nociones de cosmología; de ahí el rechazo a toda forma de educación que intente minar la fe en el texto bíblico, como ocurre con el darwinismo. Del mismo modo está vinculado a la letra del libro sagrado el fundamentalismo musulmán.

¿Es necesariamente intolerante el fundamentalismo? Cabe imaginar una secta fundamentalista que asuma que sus elegidos tienen el privilegio de la recta interpretación del libro sagrado, sin querer por ello sostener ninguna forma de proselitismo  ni querer, por tanto, obligar a otros a compartir esas creencias, o a luchar por conseguir una sociedad basada en ellas.

Se entiendo, en cambio, por integrismo una postura religiosa y política por la que los principios religiosos personales tienen que convertirse al mismo tiempo en modelo de la vida política y fuente de las leyes del Estado.

Si bien el fundamentalismo es en principio conservador, hay integrismos que pretenden ser progresistas y revolucionarios. Hay movimientos católicos integristas que no son fundamentalistas, que luchan por una sociedad totalmente inspirada en los principios religiosos sin imponer una interpretación literal de las Escrituras, y dispuestos tal vez a aceptar una teología a la manera de Teilhard de Chardin. Pero hay también formas extremas de integrismo que se convierten en regímenes teocráticos, y tal vez se asientan en el fundamentalismo. Así es, al parecer, el régimen de los talibanes con sus escuelas coránicas.

En todas las formas de integrismo hay cierta dosis de intolerancia respecto a quien no comparte las propias ideas, pero esta dosis llega a su punto máximo en los fundamentalismos e integrismos teocráticos. Un régimen teocrático es inevitablemente totalitario, pero no todos los regímenes totalitarios son teocráticos (a no ser en el sentido de que sustituyen una religión por una filosofía dominante, como el nazismo o el comunismo soviético).

¿Y el racismo? Parecerá curiosos, pero gran parte del integrismo islámico, aunque antioccidental y antisemita, no se puede considerar racista en el mismo sentido que el nazismo, porque odia una sola raza (los judíos) o un Estado que no representa su raza (Estados Unidos), pero no se reconoce como una raza elegida, sino que acepta como elegidos a los seguidores de su religión, aunque sean de raza distinta. 
El racismo nazi era sin duda totalitario, pero no había nada de fundamentalismo en la doctrina de la raza (sustituía el libro sagrado por la pseudociencia aria).

¿Y la intolerancia? ¿Se reduce a estas diferencias y parentescos entre fundamentalismo, integrismo, racismo, teocracia y totalitarismo? Ha habido formas de intolerancia no racistas (como la persecución de los herejes o la intolerancia de las dictaduras contra quienes se oponen a ellas), hay formas de racismo no intolerante («No tengo nada contra los negros, si trabajan y se mantienen en su sitio pueden vivir aquí, pero no me gustaría que mi hija se casase con uno de ellos»), y hay formas de intolerancia y racismo difundido incluso entre personas que se considerarían no teocráticas, no fundamentalistas y no integristas; estos días lo podemos comprobar.

Fundamentalismo, integrismo y racismo pseudocientífico son posturas teóricas que presuponen una doctrina. La intolerancia y el racismo popular son anteriores a cualquier doctrina. Tienen raíces biológicas, se manifiestan entre los animales en la territorialidad, se basan en reacciones emotivas (no soportamos a los que son diferentes a nosotros).
Podrá decirse que con estas notas no he contribuido a aclarar las ideas, sino a confundirlas. Pero no soy yo quien confundo las ideas, es que discutimos sobre ideas confusas, y es bueno saber que son así, para considerarlas mejor.

Fuente: A paso de cangrejo, Umberto Eco, Debolsillo 2010, Barcelona, España. Páginas 230, 231 y 232.

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