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El poco tiempo de que disponemos no nos permite, tampoco aquí, más que recordar y sugerir. Está en primer lugar el gran número de textos reunidos en la gran enciclopedia de las tradiciones chiitas titulada El océano de las luces y elaborada en el siglo XVII por el teólogo de Ispahán Mohammad Bâqir Majlisî. Son testimonios sacados de la Biblia, Antiguo y Nuevo Testamento, cuyo agrupamiento responde a una intención precisa: justificar una profetología que retoma a grandes rasgos, como hemos señalado, la idea del Verus Propheta profesada por el judeocristianismo primitivo. El propósito es inicialmente fundamentar la identificación del Paráclito con la persona del Profeta Mohammad. Sabemos que ya Mani, el profeta del maniqueísmo, había sido identificado por sus fieles con el Paráclito. Pero por este agrupamiento de textos se realiza en el pensamiento chiita el traslado de esta identificación al XII Imam. La transición está preparada por sermones extraordinarios que la gnosis chiita atribuye al I Imam, y en los que éste declara, por ejemplo: "Yo soy aquel que en el Evangelio es llamado Elías", o también: "Yo soy el segundo Cristo".

El tema encuentra su amplificación mayor en la monumental obra de un shaykh chiita iraní que vivió a principios de este siglo (Shaykh 'Alî Akbar Nahâvandî) y que conocía tanto la literatura zoroastriana como el conjunto de la Biblia, que leía en una traducción persa de la Sociedad Bíblica. El shaykh distingue una doble epifanía del Paráclito anunciado en el Evangelio: la primera en la persona del Profeta, mensajero d la sharî'at eterna. La segunda en la persona del XII Imam, mensajero del ta'wîl. Es sumamente sorprendente observar cómo un teólogo chiita trabaja sobre el Evangelio de Juan y sobre el capítulo 12 del Apocalipsis. Sería deseable que nuestros estudios teológicos de Occidente no siguiesen ignorando este hecho.

Pero hay todavía más. Podemos constatar este horizonte paraclético de la profetología chiita a lo largo de los siglos. No citaré más que algunos ejemplos. Lo encontramos en el siglo XII en Sohravardî, el joven e intrépido shaykh que fue en el Irán islámico el resurrector de la filosofía de la Luz profesada por los sabios de la antigua Persia. Su influencia se ha hecho sentir hasta nuestros días en los pensadores iraníes. En el siglo XIV, un teósofo místico de primera importancia, Haydar Âmolî (de Âmol, en las orillas del mar Caspio), cuya obra muestra bajo una luz nueva el nexo entre el chiismo y el sufismo, escribe textualmente lo siguiente: "Aquél que los cristianos llaman el Paráclito es aquel que nosotros, chiitas, llamamos el Imam esperado (el XII Imam)".

En el siglo XV, otro gran teósofo imamita duodecimano, Ibn Abi Jomhûr, afirma explícitamente que la promesa del Paráclito anunciada en el Evangelio de Juan se refiere a la parusía del XII Imam que debe aportar el ta'wîl (el sentido espiritual) de las revelaciones divinas. Por otra parte, en el siglo XVII, Qotboddîn Ashkevârî, discípulo de Mîr Dâmâd, el gran maestro de pensamiento de la escuela de Ispahán, identifica explícitamente al XII Imam con el Saoshyant de la soteriología zoroastriana. El chiismo iraní nos presenta aquí, en sus más grandes pensadores, no un sincretismo fácil, sino un fenómeno especular en el que las grandes figuras de la dramaturgia profética y soteriológica se reflejan unas a otras.

Un último rasgo. Todavía en el siglo XIX, un teósofo imamita iraní, Ja'far Kashfî, desarrolla alrededor de un sermón del I Imam una extraordinaria epopeya de la Inteligencia, el Nous-Logos, a la que se opone una contraepopeya ahrimaniana de la nesciencia, la agnosía. El drama llega a su desenlace con la manifestación del XII Imam, cima y culminación de una periodización de las edades del mundo cuyas analogías entre los joaquimitas y los filósofos que sufrieron su influencia, hasta Schelling y Berdiaev, deberíamos considerar.

El sentimiento patético de esta dramaturgia cósmica lo volvemos a encontrar en la profetología ismailí, a la que estará dedicada nuestra próxima conferencia. Ciertamente, el ethos dominante de la conciencia chiita puede parecernos de un pesimismo profundo, pero corrijamos inmediatamente, pues se trata de un pesimismo que nunca desespera, un pesimismo que confía: desperatio fiducialis, decía nuestro Lutero.

Teherán, 7 de enero de 1975.
*Imagen: miniatura de Mahmud Farschian
Fuente: El Imam Oculto, Henry Corbin, Editorial Losada, primera edición, 2005, España. Páginas 23 a 25.

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