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Por Bilal Arif Portillo

Datos:
Título: Islam, una introducción a la religión, su cultura y su historia, segunda edición
Autor: James A. Beverly
Editorial: Grupo Nelson
Año:2013
País: EE.UU
Páginas: 120 (numeradas)

Es de hecho una traducción al español del original en inglés, con una presentación bastante decente, tamaño pequeño, papel y fuentes agradables a la vista. El libro presenta algunas de las credenciales académicas del autor, nada del otro mundo a excepción de dos detalles interesantes: uno que fue alumno del teólogo Hans Küng y el otro que es uno de los pocos cristianos que se «entrevistó con el Dalai Lama» (página 121, no numerada y bajo el título «Acerca del autor»).

Los textos escritos por algunos orientalistas modernos son textos en ciernes, presentando casi siempre un análisis flojo e incompleto de las generalidades de un intrincado, vasto y complejo mundo como es el Islam, este texto lamentablemente no es diferente; lleno de generalizaciones bastante groseras como esta: «Los teólogos musulmanes desarrollaron una doctrina muy rígida de la doctrina de la predestinación» (página 7). Ya se sabe que una afirmación como esa deja una ambigüedad profunda, ¿A qué escuela pertenecían los teólogos que desarrollaron esa doctrina? ¿Es ese un precepto seguido por todos los musulmanes? Son preguntas que con semejante afirmación quedan sin respuesta. Y así a lo largo del texto uno se puede encontrar cara a cara con otras afirmaciones de la misma índole. El texto aunque muy ambiguo no deja de decir algunas verdades sobre la situación de algunos colectivos musulmanes en el mundo: el auge del terrorismo, el atraso de algunos países, la situación de la mujer en países como Arabia Saudita etc. Pero la tarea de encontrar esos puntos resulta muy difícil, un embrollo semejante a encontrar una aguja en un pajar.

Esta traducción por otro lado resulta lenta y las palabras parecen en algunos casos generar la sensación de atropellarse unas con otras, también las frecuentes redundancias hacen lenta la lectura. El libro termina con una sección titulada «Una respuesta cristiana al Islam» que pretenden orientar al lector cristiano acerca de cómo debe valorarse al musulmán y sus creencias, de hecho en unas de esos puntos en relación al profeta del Islam se dice lo siguiente:

«Los cristianos también deben expresar serias reservas acerca de la autoridad profética de Mahoma», algo lógico si tomamos en cuenta su rol de orientador cristiano, pero en el mismo punto asegura: «Las enseñanzas de Jesucristo y las del Espíritu Santo a través de los escritores del Nuevo Testaento son las únicas que tienen autoridad» (página 87), en la lógica de un agitador cristiano a lo mejor tendría cierta coherencia, pero como el texto y el autor antes que cristianos se presentan como académicos, hay en esa última frase un cierto descrédito de esta obra, y si la comparamos con otros escritos sobre el mismo tema como los de Tamayo, Küng o Armstrong, está varios pasos atrás en todos los sentidos.

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