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Las armas grandes, las medianas y también las pequeñas, juegan su rol en la construcción de las victorias militares, las pequeñas por lo tanto no deben menospreciarse pues cumplen como las otras su papel. Hace unos cuarenta años un suceso irrumpió en en escenario mundial con considerable fuerza y ganó de inmediato la atención de los espectadores: el triunfo de la Revolución de 1979 en Irán, liderada por el clero chií y apoyada por una significativa parte de la población.

Este acontecimiento colocó de nuevo al Islam en el cuadro de honor de la geopolítica mundial, como una fuerza resucitada y digna de tomar en cuenta en la configuración de los acontecimientos del Medio Oriente y del mundo, para algunos gobiernos este triunfo fue la señal para izar las banderas de guerra contra la insurrección islámica y todo aquello o aquellos que mostraran similitud, amistad o simplemente simpatía con la misma. Y comenzó entonces la guerra de medios en contra del Islam Revolucionario de estampa iraní, muchos medios de gran alcance y potencia económica generaron un gran oleaje de información falsa sobre los motivos y consecuencias del movimiento islámico chií, se escribieron libros, se hicieron películas, programas de radio, revistas, documentales etc., orientados a los más vulnerables intelectualmente y de menos recursos; inoculando en su mente todas esas venenosas falsedades. El tiempo ha transcurrido, la fuerza de la Revolución no ha mermado y el ímpetu de sus enemigos tampoco de tal manera que la guerra de medios está presente, es obvio que hay nuevas estrategias, nuevas armas y nuevos medios (Internet, videojuegos, aplicaciones para celulares etc.).

De las nuevas estrategias las de bandera falsa son comunes hoy, crear y financiar movimientos terroristas para presentarlos veladamente al mundo como reflejo exacto del pensamiento musulmán es una de esas estrategias a las que se les ha dado fuerza en los últimos años, otra estrategia ciertamente interesante consiste en la publicación de mediano y gran tiraje de textos confusos que mezclan muchas mentiras con apenas pizcas de verdad acerca del Islam, escritos por «expertos» de pocas credenciales y ninguna reputación en el tema. Así han aparecido estos textos colocados en estantes de supermercados, gasolineras, librerías y kioscos, y cuyo objetivo es la generación de confusión, dejar «sombra» como diría el lingüista Umberto Eco a través de un mensaje sobrecargado de ambigüedad. El lector debe estar preparado para afrontar estos libros, leerlos minuciosamente y detectar las trampas que ocultan. 

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