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La vida apenas comenzaba, la inocencia en muchas de ellas se había perdido en el sudor que caía en sus rostros de un día soleado en las calles de la ciudad.

Cientos de policías callan, esa noche estuvieron allí, muchas patadas e insultos se dieron esa noche, estos patojos no entienden otro idioma que la violencia y si esta viene acompañada de una macana oficial es legítima.

Había que encerrarlas, no se pueden contener a todas al mismo tiempo, ¡vayan adentro mareras hijas de puta! Claro no había tiempo para separar las razones que a cada una de ellas las llevo a este hoyo del país, abusadas, maltratadas, desnutridas, quemadas al sol de la indiferencia en un semáforo limpiando vidrios, huérfanas de amor.

Hombre y mujeres mayores se agolpan en las afueras, el olor a licor está presente, madres cuya culpa comenzaba a martillar en la conciencia, no pude, no quise, no sabía, ¿el problema se habrá resuelto al fin?

Gritos rompen la obscuridad, el olor a ropa y espuma quemada se confundo pronto con el de carne, los gritos siguen, no hay gente afuera queriendo abrir la puerta, solo fueron necesarios unos cuantos minutos para que los gritos finalmente cesaran, en la obscuridad que lo invade todo una humareda negra apesta a muerte por todos lados.

¿Dónde están todos? ¿Dónde están? Los gritos fueron sustituidos por quejas, ya no hay fuerza en los pulmones.

Hombres viejos y jóvenes, mordieron sus labios, padres, padrastros, amigos y conocidos, semen y sudor, muchas de ellas intentaron escapar mentalmente, la fuerza jadeante abrumaba.

¿Cómo descubre una niña su cuerpo que solo conoce la violencia en vivo en hogares que eran el infierno? El sexo hace divagar por unos cuantos minutos, es una bocanada de humo de mariguana. ¡qué rica estas mamita!

No había comida, la ropa se destrozaba en las manos huele a cansancio, humo de camioneta, a charco de inmundicia en la calle, ¿hacia donde mira la niña que pronto habrá de conocer aquel “hogar de refugio”?

El funcionario de turno, el que apoyo la campaña reclama un puesto en la nueva administración, grita y reclama, exige puño cerrado, es la tradición discutir más por el salario y las prebendas que sobre las responsabilidades que tendrá a cargo, las niñas se agolpan en los dormitorios, baños sucios, colchones en el suelo, comida rancia y los funcionarios discutiendo cuánto dinero hay de viáticos para sus enormes carros.

La sangre se ha secado, la piel joven calcinada esta, el aliento a licor afuera, las madres empuñan las manos con que las golpearon alguna vez, violadores y ausencias gritan en la puerta que no abre, los rostros descompuestos de guardias, policías, monitores, se ven entre si y no terminan de creer lo que ven, vidas escapan tras una humareda negra, no hubo tiempo suficiente para sonreír, para descubrir un nuevo mundo, para intentar no replicar los errores de los que las dejaron y dieron simplemente la vuelta.

El funcionario no entiende, no sorprende, solo ve culpas en todos los demás, las imágenes de aquellas niñas lo acompañaran para siempre, la sociedad no sabe qué hacer, ¿acaso no son suficientes los 15 muertos diarios? Parece que no, 40 suspiros se han perdido para siempre y no regresarán.

Fotografía tomada de :https://laopinionla.files.wordpress.com/2017/03/12683435.jpg?quality=60&strip=all&w=940

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