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«El cristal viviente 
Que guarda esas queridas maravillas 
Que fueron del Islam y que son tuyas 
Y mías hoy» Jorge Luis Borges

Por Bilal Portillo*


Jorge Luis Borges es reconocido a lo largo y ancho de Hispanoamérica y seguramente más allá, como un escritor de amplísima cultura, políglota, y cuya literatura está coronada por los laureles de la belleza. La relación y el encuentro de lo islámico en Borges podría tener explicación bajo la sombra de dos asuntos importantes, el primero obviamente es su amplia erudición la cual se extiende por varias culturas (islámica, hebrea, celta, latinoamericana, europea etc.) y la otra su larga amistad con el arabista, hebraísta y escritor español Rafael Cansinos Assens (traductor de una versión del Corán) a quien el escritor argentino llegó a considerar como uno de sus maestros (1). Si bien es cierto que en esta selección recogemos solo poesía, el tema islámico transita también en la narrativa y la ensayística del autor argentino, si se desea profundizar más sobre este tema se puede consultar el trabajo de Pablo Tornielli (2), el de Djibril Mbaye (3) y también el de Ahmad Hussein Issa en colaboración con Mohammad Daher (4), todos afortunadamente escritos originalmente en español o traducidos. Para terminar este pequeño comentario cito unas palabras que ponen luz acerca de este tema y bien podrían resumirlo, pertenecen al excelente trabajo de Emilio G. Ferrín, titulado El Islam de Borges:

La combinación de la obra de Borges acaba siendo feliz, sin que la ráfaga de viento ordenadora de referencias se convierta nunca en el vendaval de otros estilos parecidos que vemos, por ejemplo, en algunos fragmentos de El péndulo de Foucault de Eco.

Así, en la combinación árabe, islámica, persa o, genéricamente oriental del argentino,
se entremezclan una serie de componentes que suelen ser fijos y referidos a ocho campos concretos:

- La soledad de Dios.
- El Corán.
- El mundo de las Mil y una Noches.
- Alejandro Magno (el lskandar du-l-Qamayn de la literatura árabe).
- El poeta Omar Jayyam y sus cuartetas (las Ruba'iyat).
- Sindbad (el otro Ulises).
- La España del Islam.
- El elemento estrictamente persa.(5)   


Hay que añadir a la lista otros dos temas recurrentes: las mezquitas y la plegaria islámica.


Selección:

DE LA DIVERSA ANDALUCÍA

Cuántas cosas. Lucano que amoneda 
el verso y aquel otro la sentencia. 
La mezquita y el arco. La cadencia 
del agua del Islam en la alameda. 
Los toros de la tarde. la bravía 
música que también es delicada. 
La buena tradición de no hacer nada. 
Los cabalistas de la judería. 
Rafael de l anoche y de las largas 
mesas de la amistad. Góngora de oro. 
De las Indias el ávido tesoro. 
Las naves, los aceros, las adargas. 
Cuántas voces y cuánta bizarría 
y una sola palabra. Andalucía. 

RONDA

El Islam, que fue espadas 
que desolaron el poniente y la aurora 
y estrépito de ejércitos en la tierra 
y una revelación y una disciplina 
y la aniquilación de los ídolos 
y la conversión de todas las cosas 
en un terrible Dios, que está solo, 
y la rosa y el vino del sufí 
y la rimada prosa alcoránica 
y ríos que repiten alminares 
y el idioma infinito de la arena 
y ese otro idioma, el álgebra, 
y ese largo jardín, las Mil y Una Noches, 
y hombres que comentaron a Aristóteles 
y dinastías que son ahora nombres del polvo 
y Tamerlán y Omar, que destruyeron, 
es aquí, en Ronda, 
en la delicada penumbra de la ceguera, 
un cóncavo silencio de patios, 
un ocio del jazmín 
y un tenue rumor de agua, que conjuraba 
memorias de desiertos.

DAKAR

Dakar está en la encrucijada del sol, del desierto y del mar. 
El sol nos tapa el firmamento, el arenal acecha en los caminos, el mar es un encono. 
He visto un jefe en cuya manta era más ardiente lo azul que en el cielo incendiado. 
La mezquita cerca del biógrafo luce una claridad de plegaria. 
La resolana aleja las chozas, el sol como un ladrón escala los muros. 
África tiene en la eternidad su destino, donde hay hazañas, ídolos, reinos, arduos bosques y espadas. 
Yo he logrado un atardecer y una aldea.

JUAN 1, 14

Refieren las historias orientales 
la de aquel rey del tiempo, que sujeto 
a tedio y esplendor, sale en secreto 
y solo, a recorrer los arrabales.

Y a perderse en la turba de las gentes 
de rudas manos y de oscuros nombres; 
hoy, como aquel Emir de los Creyentes, 
Harún, Dios quiere andar entre los hombres.

Y nace de una madre, como nacen 
los linajes que en polvo se deshacen. 
Y le será entregado el orbe entero,

aire, agua, pan, mañanas, piedra y lirio, 
pero después la sangre del martirio, 
el escarnio, los clavos y el madero.


RUBAIYAT (6)

Torne en mi voz la métrica del persa 
a recordar que el tiempo es la diversa 
trama de sueños ávidos que somos 
y que el secreto Soñador dispersa.

Torne a afirmar que el fuego es la ceniza, 
la carne el polvo, el río la huidiza 
imagen de tu vida y de mi vida 
que lentamente se nos va de prisa.

Torne a afirmar que el arduo monumento 
que erige la soberbia es como el viento 
que pasa, y que a la luz inconcebible 
de Quien perdura, un siglo es un momento.

Torne a advertir que el ruiseñor de oro 
canta una sola vez en el sonoro 
ápice de la noche y que los astros 
avaros no prodigan su tesoro.

Torne la luna al verso que tu mano 
escribe como torna en el temprano 
azul a tu jardín. La misma luna 
de ese jardín te ha de buscar en vano.

Sean bajo la luna de las tiernas 
tardes tu humilde ejemplo las cisternas, 
en cuyo espejo de agua se repiten 
unas pocas imágenes eternas.

Que la luna del persa y los inciertos 
oros de los crepúsculos desiertos 
vuelvan. Hoy es ayer. Eres los otros 
cuyo rostro es el polvo. Eres los muertos.

EL ORIENTE

La mano de Virgilio se demora 
sobre una tela con frescura de agua 
y entretejidas formas y colores 
que han traído a su Roma las remotas 
caravanas del tiempo y de la arena. 
Perdurará en un verso de las Geórgicas. 
No la había visto nunca. Hoy es la seda. 
En un atardecer muere un judío 
crucificado por los negros clavos 
que el pretor ordenó, pero las gentes 
de las generaciones de la tierra 
no olvidarán la sangre y la plegaria 
y en la colina los tres hombres últimos. 
Sé de un mágico libro de hexagramas 
que marca los sesenta y cuatro rumbos 
de nuestra suerte de vigilia y sueño. 
¡Cuánta invención para poblar el ocio! 
Sé de ríos de arena y peces de oro 
que rige el Preste Juan en las regiones 
ulteriores al Ganges y a la Aurora 
y del hai ku que fija en unas pocas 
sílabas un instante, un eco, un éxtasis; 
sé de aquel genio de humo encarcelado 
en la vasija de amarillo cobre 
y de lo prometido en la tiniebla. 
¡Oh mente que atesoras lo increíble! 
Caldea que primero vio los astros. 
Las altas naves lusitanas; Goa. 
Las victorias de Clive, ayer suicida; 
Kim y su lama rojo que prosiguen 
para siempre el camino que los salva. 
El fino olor del té, el olor del sándalo. 
Las mezquitas de Córdoba y del Aksa 
y el tigre, delicado como el nardo.

Tal es mi Oriente. Es el jardín que tengo 
para que tu memoria no me ahogue.

ALEJANDRÍA 641 AD

Desde el primer Adán que vio la noche
y el día y la figura de su mano,
fabularon los hombres y fijaron
en piedra o en metal o en pergamino
Cuanto ciñe la tierra o plasma el sueño.
Aquí está su labor: la Biblioteca.
Dicen que los volúmenes que abarca
dejan atrás la cifra de los astros
o de la arena del desierto. El hombre
que quisiera agotarla perdería
la razón y los ojos temerarios.
Aquí la gran memoria de los siglos
que fueron, las espadas y los héroes,
los lacónicos símbolos del álgebra,
el saber que sondea los planetas
Que rigen el destino, las virtudes
de hierbas y marfiles talismánicos,
el verso en que perdura la caricia,
la ciencia que descifra el solitario
laberinto de Dios, la teología,
la alquimia que en el barro busca el oro
y las figuraciones del idólatra.
Declaran los infieles que si ardiera,
ardería la historia. Se equivocan.
Las vigilias humanas engendraron
los infinitos libros. Si de todos
no quedara uno solo, volverían
a engendrar cada hoja y cada línea,
cada trabajo y cada amor de Hércules,
cada lección de cada manuscrito.
En el siglo primero de la Hégira,
yo, aquel Omar que sojuzgó a los persas
y que impone el Islam sobre la tierra,
ordeno a mis soldados que destruyan
por el fuego la larga Biblioteca,
que no perecerá. Loados sean
Dios que no duerme y Muhammad,
Su Apóstol.


METÁFORAS DE LAS MIL Y UNA NOCHES

La primera metáfora es el río. 
Las grandes aguas. El cristal viviente 
Que guarda esas queridas maravillas 
Que fueron del Islam y que son tuyas 
Y mías hoy. El todopoderoso 
Talismán que también es un esclavo; 
El genio confinado en la vasija 
De cobre por el sello salomónico; 
El juramento de aquel rey que entrega 
Su reina de una noche a la justicia 
De la espada, la luna, que está sola; 
Las manos que se lavan con ceniza; 
Los viajes de Simbad, ese Odiseo 
Urgido por la sed de su aventura, 
No castigado por un dios; la lámpara; 
Los símbolos que anuncian a Rodrigo 
La conquista de España por los árabes; 
El simio que revela que es un hombre, 
Jugando al ajedrez; el rey leproso; 
Las altas caravanas; la montaña 
De piedra imán que hace estallar la nave; 
El jeque y la gacela; un orbe fluido 
De formas que varían como nubes, 
Sujetas al arbitrio del Destino 
O del Azar, que son la misma cosa: 
El mendigo que puede ser un ángel 
Y la caverna que se llama Sésamo. 
La segunda metáfora es la trama 
De un tapiz, que propone a la mirada 
Un caos de colores y de líneas 
Irresponsables, un azar y un vértigo, 
Pero un orden secreto lo gobierna. 
Como aquel otro sueño, el Universo, 
El Libro de las Noches está hecho 
De cifras tutelares y de hábitos: 
Los siete hermanos y los siete viajes, 
Los tres cadíes y los tres deseos 
De quien miró la Noche de las Noches, 
La negra cabellera enamorada 
En que el amante ve tres noches juntas, 
Los tres visires y los tres castigos, 
Y encima de las otras la primera 
Y última cifra del Señor; el Uno. 
La tercera metáfora es un sueño 
Agarenos y persas lo soñaron 
En los portales del velado Oriente 
O en vergeles que ahora son del polvo 
Y seguirán soñándolo los hombres 
Hasta el último fin de su jornada. 
Como en la paradoja del eleata, 
El sueño se disgrega en otro sueño 
Y ése en otro y en otros, que entretejen 
Ociosos un ocioso laberinto. 
En el libro está el Libro. Sin saberlo, 
La reina cuenta al rey la ya olvidada 
Historia de los dos. Arrebatados 
Por el tumulto de anteriores magias, 
No saben quiénes son. Siguen soñando. 
La cuarta es la metáfora de un mapa 
De esa región indefinida, el Tiempo, 
De cuanto miden las graduales sombras 
Y el perpetuo desgaste de los mármoles 
Y los pasos de las generaciones. 
Todo. La voz y el eco, lo que miran 
Las dos opuestas caras del Bifronte, 
Mundos de plata y mundos de oro rojo 
Y la larga vigilia de los astros. 
Dicen los árabes que nadie puede 
Leer hasta el fin el Libro de las Noches. 
Las Noches son el Tiempo, el que no duerme. 
Sigue leyendo mientras muere el día 
Y Shahrazad te contará tu historia.


BENARÉS

Falsa y tupida 
como un jardín calcado en un espejo, 
la imaginada urbe 
que no han visto nunca mis ojos 
entreteje distancias 
y repite sus casas inalcanzables.

El brusco sol 
desgarra la completa oscuridad 
de templos, muladares, cárceles, patios 
y escalará los muros 
y resplandecerá en un río sagrado.

Jadeante 
la ciudad que oprimió un follaje de estrellas 
desborda el horizonte 
y en la mañana llena 
de pasos y de sueño 
la luz va abriendo como ramas las calles.

Juntamente amanece 
en todas las persianas que miran al oriente 
y la voz de un almuédano 
apesadumbra desde su alta torre 
el aire de este día 
y anuncia a la ciudad de los muchos dioses 
la soledad de Dios.

(Y pensar 
que mientras juego con dudosas imágenes, 
la ciudad que canto persiste 
en un lugar predestinado del mundo, 
con su topografía precisa, 
poblada como un sueño, 
con hospitales y cuarteles 
y lentas alamedas 
y hombres de labios podridos 
que sienten frío en los dientes.) (7)



*Ensayista salvadoreño, director de Arte y Cultura de la Asociación Cultural Islámica Shiita de El Salvador (www.islamelsalvador.com) y editor de la Revista Biblioteca Islámica (www.redislam.net ).


Notas:
1- Edna Aizenberg, Cansinos Assens y Borges: EN BUSCA DEL VINCULO JUDAICO, Columbia University, Documento electrónico en PDF, página 534. http://revistaiberoamericana.pitt.edu/ojs/index.php/Iberoamericana/article/download/3492/3669 (consultado el 4 de abril de 2017 )

2-Pablo Tornielli, Algunos motivos árabes e islámicos en la obra de Borges, http://www.borges.pitt.edu/bsol/pdf/tornielli.pdf (consultado el 3 de abril de 2017)

3-Djibril Mbaye, La presencia de la tradición islámica en algunos relatos de Ficciones y El Aleph de Jorge Luis Borges,Revista Berbeia, N°1, documento electrónico, http://www.ucjc.edu/wp-content/uploads/11.-Djibril-Mbaye.pdf (consultado el 2 de abril de 2017)

4-La mística (sufí) en las obras de Jorge Luis Borges por Al-Afif, Ahmad Husein Issa Y Ababneh, Mohammad Daher, http://www.redislam.net/2012/11/la-mistica-sufi-en-las-obras-de-jorge.html (consultado el 1 de abril de 2017)

5-Emilio G. Ferrín, El Islam de Borges, documento electrónico,  http://institucional.us.es/revistas/philologia/7/art_10.pdf (consultado el 30 de marzo de 2017)

6- El Rubayyi es un poema corto de cuatro versos, el primero, segundo y cuarto verso riman, dejando el tercero libre.

7-Todos los poemas de este trabajo fueron tomados de: Jorge Luis Borges, Poesía completa, Debolsillo, tercera edición, 2015, Barcelona, España.

Bibliografía:

-Jorge Luis Borges, Poesía completa, Debolsillo, tercera edición, 2015, Barcelona, España.
-Yalal ud-Din Rumi, Rubayat, Selección de Clara Janés y Ahmad Taherí, Alianza Editorial, Madrid, España, 2015.
-Titus Burckhardt, Introducción al arte islámico, José J. de Olañeta (editor), Barcelona, España, 2014.
-Juan Vernet, Literatura árabe, Edtorial Labor, Barcelona, España, segunda edición, 1968.
-Ahmad Tamindari, The book of Iran, A history of literature, Alhoda Publishers, Teherán, Irán, primera edición, 2002.

Sitios en Internet:

-http://www.redislam.net
-http://revistaiberoamericana.pitt.edu
-http://institucional.us.es
-http://www.ucjc.edu
-http://www.borges.pitt.edu

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