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Preparado por la Revista Biblioteca Islámica
Este libro se ocupa del estudio del teatro específicamente religioso popular, y más concretamente sobre los dramas de la Pasión. En este respecto, se ocupa de examinar y contrastar dos formas teatrales desarrolladas en dos culturas de cosmovisión religiosa diferente –aunque no desconectadas y diferenciadas totalmente-, eso es la cultura judeocristiana por un lado y la musulmana por otro. En este contexto intercultural y utilizando un enfoque analítico-comparativo, el estudio se centra en la representación de la pasión de Cristo y en la representación del martirio del  Imam Hussein, conocida como “Ta’ziya” (condolencia), que forma parte esencial de la tradición y de la doctrina chií en el islam. El análisis de estas dos formas de teatro religioso toca temas de orden histórico y antropológico, además de lo cultural, religioso y literario, para explicar más detalladamente lo común y lo diferente en estas dos manifestaciones dramáticas de orden ritual y profundizar en su función socio-religiosa. El interés de dicho estudio está motivado porque se trata de manifestaciones todavía vigentes de lo que se  ha dado en llamar dramas de la Pasión, dentro de un teatro religioso de duelo que en estos casos posee un alcance escatológico.
Los objetivos del libro tienen su asiento en los siguientes propósitos:
1- llevar a cabo una indagación de literatura comparada, dentro del ámbito de los estudios teatrales y del espectáculo, que permita además un mayor conocimiento de una práctica cultural y producción artística, la de la Ta’ziya, insuficientemente conocida en el entorno hispano.
2- Contribuir, por tanto, a un mayor conocimiento de las raíces históricas comunes, pero también de las concomitancias contemporáneas en las puestas en escena y concepciones del espectáculo teatral religioso de las culturas chiíes y española, con especial énfasis en la relación entre sus características formales y su función social.
3- Poner al servicio del investigador en literatura comparada y teoría e historia del teatro, un elenco de materiales que consideramos relevantes, incluyendo la traducción de parte de ellos.

Hay una razón más personal en la toma de decisión sobre el tema de la investigación. Generalmente se habla en Europa de las representaciones denominadas Ta’ziya como algo relevante dentro de una cultura que tradicionalmente no poseía teatro, pero se desconoce su naturaleza y su función cultural. La autora al estudiar en España algunas de las manifestaciones teatrales hispanas, se interesó esta investigación y por tanto transmitir al ámbito hispano el conocimiento de estas formas teatrales que hoy se mantienen en Irán, Iraq y algunos otros países. La forma mejor de hacerlo ha sido comparando estas manifestaciones con las que más se asemejan en el occidente cristiano, como son las representaciones populares de la Pasión.
En libro sigue una metodología adaptada a las exigencias del planteamiento, que es teórico, histórico y analítico. Tras una revisión de ideas relativas al teatro, el ritual y la tragedia, se recorren de forma crítica y comparativamente los antecedentes históricos e itinerario de ambas tradiciones. Para las dos obras estudiadas particularmente se sigue una metodología de análisis del texto y espectáculo teatral, complementado su alcance con encuestas a los espectadores de las mismas, todo ello en consonancia con dicho proceder comparativo.
Se divide la exposición en diez capítulos partiendo de la consideración de las conexiones del teatro con el mito y la religión, y considerando igualmente el componente de duelo que determina ciertos rituales y manifestaciones religiosas, así como el teatro trágico.
Las representaciones de la Pasión de Jesucristo y del Martirio del Imam Hussein se clasifican dentro de los dramas de Pasión, siendo las manifestaciones de este tipo las de más vigencia en la actualidad. Las dos se desarrollan a partir de rituales religiosos. Tienen también en común que en ambos casos se representa siempre la misma historia de un héroe sagrado histórico, mítico y popular. Dicha historia, aunque no se halle sometida a la poética de la tragedia tal como se ha elaborado a partir de Grecia, posee un carácter trágico porque hace partícipes a sus destinatarios en las escenas de padecimiento y dolor de sus protagonistas. En cada una de las dos tradiciones, las representaciones suelen transcurrir siempre de la misma manera, aunque no es menos cierto que hay modulaciones diferentes según la comunidad que lo haga, su forma de vida, cultura y la organización que se responsabiliza de la actividad.
Hemos partido de la consideración de las conexiones del teatro con el mito y la religión, y hemos considerado igualmente el componente de duelo que determinan ciertos rituales y manifestaciones religiosas, así como el teatro trágico. A este respecto las representaciones estudiadas poseen este componente de duelo, o manifestación del dolor por los padecimientos y muerte, que conmueve especialmente. Remiten a mitos y ritos comunes y antiguos del Mediterráneo y Medio Oriente en que se da esa situación elemental de rememoración de la muerte de un ser venerable, amado bien por ser Dios o por su proximidad con la divinidad, que resucita –o hace confiar en una resurrección- transmitiendo un mensaje de expiación de las culpas y liberación. Entroncan por tanto con lo que podemos llamar un teatro religioso, de duelo, aunque diversificado según tradiciones culturales, y a partir de la Edad Media elaborado por las religiones cristiana e islámica, con las peculiaridades que estas a su vez presentan dentro de sí debido a los diversos ancestros míticos que incorporan.
Para la Pasión de Cristo, el marco cultural está condicionado por la existencia de la tragedia grecolatina y, en general, la práctica del teatro contra la cual inicialmente se opone el cristianismo. De considerar la representación de la Pasión y muerte de Cristo teatro trágico –la máxima tragedia y que subsume cualquier tragedia humana- lo sería en el mismo sentido en que se representaba el sacrificio de los dioses Dionisos, Deméter, u otros dioses, es decir, como una muerte que conlleva con su resurrección una regeneración liberadora.
En el caso de la Ta’ziya, una de las formas preteatrales que se conocen, e importante para la tradición cultural islámica que carece de teatro propiamente dicho, esta se produce al margen de la tradición del teatro occidental, pero en términos religiosos representa una historia protagonizada por un ser decisivo para esa religión (en su orientación chií), cuya tragedia –si cabe llamarla así- significa también la asunción de la culpa de los demás, y suscita en los espectadores-fieles el consecuente dolor, la adhesión a la doctrina del islam y la esperanza de que por su obra ejemplar –como la de Cristo en lo que tiene de humano- o por su intercesión, -como la de los santos del cristianismo- se facilite la entrada de los demás humanos en el Paraíso. La peculiaridad de la historia del Imam Hussein dentro del Islam y de la singularidad –o singularidades geográficas- de su representación teatral se explica en parte por su derivación de antecedentes persas que no son propiamente árabes.
Este tipo de representaciones conecta el presente con el pasado a través de revivir la historia del pasado con sus detalles de ambientación, vestuario y sobre todo la encarnación de personajes de entonces para facilitar una más sensible percepción y una mayor comprensión al espectador contemporáneo, revelando una realidad más profunda que se encuentra bajo la apariencia de la representación. Sin embargo este carácter mistérico los misterios eran rituales de la Antigüedad en los que a través de la representación de la historia de un ser sagrado, los fieles experimentan con él la muerte y regeneración se encuentra ya prácticamente perdido y muchos otros elementos han enriquecido la representación hasta que se ha convertido en un teatro único, capaz de superar las diferencias y establecer puentes entre actores y espectadores, el pasado y la realidad contemporánea, la religión y el teatro.
Las dos manifestaciones estudiadas, por tanto, constituyen una colección de elementos antropológicos, históricos, religiosos, culturales y literarios. Tienen en común su participación del ritual religioso y tratan sobre seres que son fundamentales para cada una de las religiones y culturas dentro de las que se practican dichas representaciones. Poseen una dimensión religiosa, aunque se representan como teatro, pues tienen raíces religiosas y ese carácter religioso impone unas restricciones en el tratamiento de la historia y actitud del público que no es la del teatro usual. Este carácter religioso puede estar más o menos desdibujado, incluso perdido, pero está en su raíz y en variable medida en su efecto sobre el espectador.
Descendiendo a detalles más particulares de estas representaciones, se observan unas constantes comunes a las dos tradiciones cristiana e islámica, que hemos tenido ocasión de corroborar también cuando hemos considerado la percepción de los espectadores los dos espectáculos estudiados.
El guión de las representaciones se inspira en libros históricos pero al mismo tiempo modulado por lo legendario y las verdades de la fe. La Taziya depende en su creación de los libros históricos llamados al-Maqtal que se clasifican dentro de la literatura histórica, aunque la Ta’ziya de Irán que añade algunos mitos de su historia pasada para ilustrar sus raíces profundas en la cultura iraní. Por su parte, el guión de representación de la Pasión toma la mayoría de los hechos de los libros sagrados del Nuevo Testamento y el Antiguo Testamento con otros componentes inventados con posterioridad. En cualquier caso, tenga mayor o menor presencia el relato historiográfico, se trata de historias que el espectador conoce de antemano y donde falta el elemento de innovación y de suspense en su seguimiento.
La manera de disponer el texto y la representación es semejante tanto en la Taziya como en la  Pasión, y se compone de dos niveles: hay un narrador que rememora los acontecimientos situados en otra dimensión temporal (y de realidad) con la intención de transmitir su conocimiento y emotividad al espectador presente; al mismo tiempo mediante los medios escénicos y la interpretación de los actores se muestran los acontecimientos. La narración, y también la intervención de los personajes suele ser cantada o con una recitación especial. Cuando se trata de los personajes más relevantes, se suele cubrir el rostro con máscaras para que no se profane su sacralidad. Los actores, en las representaciones de la Ta’ziya suelen ser hombres, encomendándosele a ellos los personajes femeninos, y en cualquier caso son aficionados que cumplen así con las tradiciones de su comunidad. Tanto en atisbos de profesionalidad, como en el papel del responsable de la representación, que está dejando de ser un mero maestro de ceremonias y pasando a tomar decisiones como director escénico, se observa también la tensión entre la tradición y la innovación debida a estímulos más actuales.

En cuanto a la dimensión sociológica de las representaciones, las semejanzas son también muy llamativas. El público se dirige hacia ellas porque se relaciona mental y emocionalmente con su colectividad, si bien esta es una sociedad donde inciden estímulos y convenciones muy variados de modo que, aunque con diferencias por los tipos de sociedad, islámica y occidental, las vivencias de los espectadores en ningún caso son homogéneas. Aunque el arte esté presente, estas manifestaciones fijadas en las fechas de festividades conmemorativas como la Semana Santa o Muharram presentan un complejo carácter socio-comunitario. 

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