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Hacia finales del siglo X apareció en Basora la escuela ecléctica de filosofía conocida como Ikhwan al-Safa o los Hermanos de la Sinceridad. Su nombre deriva de una historia sobre una paloma torcaz en la que un grupo de animales consiguió escapar a las trampas de un cazador gracias a que actuaron como amigos fieles, es decir, como ikhwan al-safa. Así pues, el término no implica necesariamente ninguna clase de «hermandad». Esta extraña y secreta secta ismailita perseguía el objetivo de derrocar el orden político existente mediante el procedimiento de minar el sistema intelectual predominante y las creencias religiosas. Sus doctrinas, que eran una síntesis de ideas semíticas y neoplatónicas con tendencias hacia la especulación pitagórica, fueron expuestas en una colección de cincuenta y una epístolas conocida como Rasa’il.

Fundamentalmente, los autores de estas epístolas formularon una doctrina que, según su creencia, conducía a la obtención del favor de Dios y a alcanzar el paraíso. Sugirieron que para evitar los errores que se habían deslizado en el islam ortodoxo, este camino conducía a la perfección por medio de una síntesis de las leyes religiosas árabes y de la filosofía griega. El neoplatonismo subraya la armonía entre la religión revelada y la especulación filosófica, apoyándose en la lógica de Aristóteles, mientras que Pitágoras aportaba su reverencia particular por los números. Así, el sistema representa una notable síntesis de monoteísmo, filosofía griega, elementos de la religión persa y del misticismo hindú.

Los ismailitas creen que el Rasa’il fue escrito por el imán Ahmad, uno de sus imanes ocultos, aunque parece más probable que fuera escrito por diversos autores. Estas epístolas constituyen una enciclopedia del saber de su tiempo. Al-Ghazzali, que quizá haya sido el más grande teólogo islámico de todos los tiempos, fue influido por las ideas de los Hermanos y él mismo ejerció una gran incidencia sobre Dante y santo Tomás de Aquino, además de ejercer una enorme influencia sobre todo el islam. Sus ideales también pasaron a formar parte del escolasticismo cristiano a través de las obras de Avicena (Ibn-Sina).

Los dos Grandes Maestres Asesinos Hasan-i Sabbah y Rashid allDin Sinan estuvieron estrechamente relacionados con estas epístolas. Sabemos que Rashid, jefe de los Asesinos de Siria y el «Viejo Hombre delas Montañas» utilizó diligentemente los escritos en el Rasa’il, mientras que en la octava epístola de la segunda sección hay un retrato espiritual del hombre ideal que se parece extrañamente a la persona y los ideales del propio Hasan-i Sabbah: este hombre ideal sería «persa de origen, árabe de religión, iraquí por cultura, hebreo por experiencia, cristiano por conducta, sirio por ascetismo, griego por el cultivo de la ciencia, indio por perspicacia, sufí por su estilo de vida, angélico por su moral, divino por sus ideas y conocimientos y destinado a la eternidad». Además, muchas de las ideas de Hasan y la propia terminología de las doctrinas de los Asesinos recuerdan las ideas de estos precursores.

En general, los temas estudiados por los Hermanos se dividían en dos grupos: el macrocosmos o el desarrollo del universo como la evolución de la pluralidad a partir de la unidad (es decir, desde Dios a través de la inteligencia, el alma, la materia primigenia, la materia secundaria, el mundo, la naturaleza y los elementos); y el microcosmos, que representa el regreso de la pluralidad a la unidad (es decir, el hombre). El «hermano» aspirante debía obtener primero una buena educación en cuanto a los temas llamados mundanos (lectura y escritura; gramática; cálculo y matemáticas; prosodia y poética; augurios y portentos; magia y alquimia; artes y oficios; comercio; biografía y narrativa) y luego en estudios religiosos (conocimiento del Corán; exégesis de la escritura; la ciencia de la tradición; jurisprudencia; la conmemoración de Dios, la vida ascética, el misticismo y la visión beatífica).

Una vez completado todo este período de estudios, el aspirante podía comenzar el programa de los estudios filosóficos en el Rasa’il, que comprendía lo siguiente:
Epístolas 1-13: Matemáticas y lógica. Números, geometría, astronomía, geografía, música, relación aritmética y geométrica, artes y oficios, diversidad del carácter humano; las categorías; la interpretación de los textos, y la aplicación del álgebra en la geometría.
Epístolas 14-30: Ciencias naturales y antropología. Materia, forma, espacio, tiempo y movimiento; cosmogonía; producción, destrucción y los elementos; meteorología; mineralogía; la esencia de la Naturaleza y sus manifestaciones; botánica; zoología; anatomía y antropología; percepciones de los sentidos; embriología; el Hombre como microcosmos; el desarrollo del alma; cuerpo y alma; la verdadera naturaleza del dolor y el placer psíquico y físico; filología.

Epístolas 31-40: Psicología. La Comprensión; el mundo-alma.
Epístolas 40-51: Teología. La doctrina esotérica del islam; el ordenamiento del mundo espiritual; las ciencias ocultas.

El objeto de las matemáticas tal y como se estudiaba al principio, es el de conducir el alma desde lo sensible hacia lo espiritual, puesto que la teoría del número es la sabiduría divina expresada simbólicamente. Primero, las matemáticas conducen a la astrología que gobierna toda la vida humana, ya que el hombre se encuentra bajo la influencia de los planetas. Sin embargo, como los hombres no viven el tiempo suficiente como para que el lento progreso a través de la influencia planetaria les conduzca a la sabiduría, Dios ha enviado profetas cuyas enseñanzas pueden ser utilizadas por los iniciados para acelerar dicho proceso. Gracias a un método gradual al aspirante se le enseña a filosofar sobre cuestiones como el origen o la eternidad del mundo, pero eso es imposible si antes no se ha renunciado al mundo y no se sigue una conducta virtuosa.

En su nivel más elevado este sistema intenta alcanzar una reconciliación entre la ciencia y la vida, la filosofía y la fe. La religión de Mahoma es presentada como basta y simplificada para que la entienda el sencillo pueblo del desierto, considerándose que las adiciones procedentes del cristianismo y del zoroastrismo la hicieron más perfecta como un sistema de revelación.

El hombre ordinario necesita una adoración sensual de Dios; pero del mismo modo que las almas de los animales y las plantas se encuentran por debajo del alma del hombre ordinario, así por encima de ella están las almas del filósofo y del profeta con quienes está asociado el ángel puro. En los grados más altos el alma también se eleva por encima de la religión popular inferior con sus concepciones y costumbres sensuales.
Este argumento conduce inevitablemente a una concepción elitista, ascética y espiritual del hombre, señalada a menudo en las distintas ramas del ismailismo, y nos recuerda especialmente la figura de Hasan-i Sabbah.

Esta clasificación de la filosofía introdujo el concepto de las fases del conocimiento graduado. A cada una de las cuatro secciones de Rasa’il correspondía un grado que estaba fijado por la edad, y que era una reminiscencia de la República de Platón. Los jóvenes de quince a treinta años cuyas almas se hallan completamente sometidas a los maestros forman el primer grado. En el segundo grado, entre los treinta y cuarenta años, se encuentran los hombres que ya han sido introducidos en la sabiduría secular y que reciben un conocimiento analógico de las cosas. En el tercer grado, de los cuarenta a los cincuenta años, se les da acceso a la ley divina del mundo. Finalmente, el cuarto grado, compuesto por los mayores de cincuenta años, comprende a los aspirantes que verán la verdadera realidad de las cosas, como los ángeles benditos. A continuación el ser humano se exalta por encima de la Naturaleza, la doctrina y la ley. Aunque los grados aumentaron, primero a siete y después a nueve, se reconoce aquí la base de las formas esotéricas posteriores del ismailismo, incluyendo la de los Asesinos.

Fuente: Edward Burman, Los Asesinos , La secta de los guerreros santos del islam, 1987, página 58.



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