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El profeta del Islam dijo hace más de mil cuatrocientos años la frase que encabeza este artículo y que se consagró desde entonces como una de las expresiones más utilizados por los partidarios del chiísmo. Esta declaración tuvo y tiene una naturaleza filosa, de hecho fue como un sablazo despiadado para las aspiraciones de algunos personajes de dudosa reputación de ese momento, para el imam fue sin duda una designación de alto riesgo pues la ambición por el poder y el ansia de riqueza fueron siempre ídolos de gran arrastre.

La codicia quiere ahogar a la verdad, pero la verdad siempre es fuerte y se defiende sola, por méritos, así fue la historia de Alí, cuya palabra quisieron matar desde el momento de esa solemne pero peligrosa consagración, los menos belicosos quisieron interpretar las palabras del profeta Muhammad para con Alí bajo la sombra de la ambigüedad, no dando todo el crédito a su designación, en la otra orilla están los peores ejemplares de la violencia y enemistad de la verdad, el triángulo de la maldad -como señala Subhani- liderado por los hipócritas, esos que le mandaron a asesinar en medio de una plegaria, creyendo que de esa manera hundirían en las profundidades del olvido las palabras y las obras de Alí. Sin embargo mil cuatrocientos años después sus palabras  permanecen como asidero firme de la fe chiíta en todo el mundo.

Bien dice el ensayista Pablo Antonio Cuadra que aquellos que envilecen la palabra son los peores explotadores del hombre, mientras los que la embellecen con la verdad son el verdadero Árbol de la Ciencia. ¡Vivamos pues este Ramadán bajo la sombra de la verdad!.

Redacción de la Revista Biblioteca Islámica.
San Salvador, Mayo de 2017.

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