Menu



En el nombre de Dios, el más Clemente y Misericordioso


¡Que la paz de Dios sea con ustedes!


Quiero comenzar este breve relato de mi encuentro con el Islam, contando algunas cosas sobre mi vida. Este mundo me recibió un 17 de agosto de 1965, en la ciudad de San Salvador, aunque mi infancia la viví en el municipio de Cuscatancingo al norte de San Salvador; ¿qué recuerdo de aquellos tiempos? Hoy solo fragmentos. Aunque confieso que nunca me falto ni cariño ni un plato de comida sobre la mesa, pues mis padres se esmeraron sobrehumanamente para darme a mis hermanos y a mí, todo lo necesario en ese sentido, tuve oportunidad de asistir a la escuela en esos días pero no tuve muchos amigos según recuerdo en parte por la sobre-protección de mis padres.

Al poner punto y final a mi infancia, los recuerdos son un poco más intensos y fuertes en mi memoria, mi adolescencia según me permite recordar mi mente, fue una mezcla de toda clase de sensaciones, algunas de ellas de un tinte bastante fuerte, pues en ese momento (principios de los ochenta) el país comenzaba a sacudirse violentamente por un sismo social, que anunciaba la llegada de un enfrentamiento civil, así tuve que transitar en esa época entre tiroteos y aflicciones, de hecho aún tengo como recuerdo de ese momento una cicatriz producto de un disparo en mi pierna. También recuerdo las idas y venidas a la iglesia evangélica, de la cual era asidua practicante, pues nací en el seno de la misma, yo asistí mucho tiempo a una iglesia pentecostal, de donde provienen los recuerdos más vivos de mi religiosidad en aquel momento, después me integré a una iglesia de las llamadas de corte «profético». Así pasé de repente a la edad adulta, envuelta entre mis responsabilidades como esposa, madre y mujer cristiana, haciendo mi máximo esfuerzo por cumplir y agradar a Dios, por supuesto que luego me daría cuenta que aunque mis intenciones eran sinceras, el método fallaba.

Mi trabajo como comerciante me ha permitido hasta la fecha, conocer a varios tipos de personas, de cosas y obviamente de doctrinas, de tal manera que un buen día visitando a una hermana evangélica de mi vecindario, supe que su esposo era practicante del Islam, y ese fue mi primer encuentro con la que sería la epifanía más hermosa de mi vida, el Islam. Para ese momento mi esposo ya había entablado pláticas con el hermano Abdul Gaffar, quien es el esposo de la hermana que mencioné, y de esas pláticas, entre libros, café y té el resultado fue la visita de mi esposo a la mezquita chiíta de San Salvador, terminando él por aceptar el Islam. Para mí fue difícil aceptar la contundencia de los argumentos islámicos que me presentaba el hermano Gaffar en las discusiones que sobre religión teníamos, discusiones que a veces se tornaban en verdaderos enfrentamientos sin tregua de por medio. Al fin comencé a cederle campo a la razón y empecé a estudiar la fuente viva de la palabra de Dios, el Sagrado Corán, de manera que cuando posé mis ojos por primera vez en ese libro, supe que la verdad estaba enfrente mío en la forma de un hermoso libro caligrafiado en Árabe y traducido al español. Ese año estuve participando de las reuniones y reflexiones de los días viernes, y también tuve la dicha de conocer al sheij Mustafa Al-Salvadori (con quien dije mi testimonio) y su familia. Desde ese momento hasta la fecha, ya casi dos años, me siento feliz de ayudar a la divulgación de la causa islámica en El Salvador.   

Assalamu aleikum

0 comentarios:

Publicar un comentario

No se permite bajo ningún criterio el lenguaje ofensivo, comente con responsabilidad.

 
Top