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A veces se considera que Arabia Saudita es un país islámico y por lo tanto sus acciones, discursos y políticas vendrían a ser algo así como una representación de las aspiraciones y anhelos de los musulmanes, o peor aún: una representación fiel del Islam. Nada más alejado de la verdad, Arabia Saudita ha servido durante muchos años como satélite y punto de inflexión en la zona, su servidumbre a otros gobiernos como el de los Estados Unidos y hoy Israel le ha dado ciertos beneficios: entiéndase la complicidad y el silencio de muchos gobiernos en relación a los atropellos que la Monarquía comete en contra de su población, en especial las mujeres y las minorías religiosas (chiíes, sufíes, suníes, cristianos etc.). 

Su papel sin embargo casi siempre fue -en términos de acciones geo-políticas- pasivo, sin propuestas, sin una gota de originalidad y confuso. Prueba de ello fue la maniobra de querer propiciar la renuncia del Primer Ministro libanés, acción con la que esta Monarquía pretende estrenar un rol más enérgico en temas de maniobras políticas con repercusiones en la región y más allá. Todo para -en complicidad con otros gobiernos- frenar la fuerte y cada vez más prolongada influencia de Irán en la zona, días atrás un artículo publicado en el influyente periódico The New York Times, recalcó la torpeza y lentitud saudita en relación al aventajado y contundente rol iraní en la región; dice este artículo, titulado «Saudi Arabia Has No Idea How to Deal With Iran» (y escrito bajo la firma de  Emile Hokayem), que la Monarquía comete varios pecados políticos, uno el arrebato de uno de sus más importantes miembros: príncipe Muhammad bin Salman. Dos, este escrito señala los altos costos de la agresión militar en Yemen y tres la falta de estrategias reales sobre la región. Esto hace que Teherán esté siempre al frente y que siga siendo la fuerza que moldea los centros de poder en la región, según Hokayem.

Habrá que ver si la Monarquía en estos años muestra lo que en el pasado nunca ha podido demostrar: inteligencia y astucia política. Hasta el momento parece que sus encendidos celos y envidia hacia la influencia iraní siguen marcando los latidos del nebuloso corazón de la monarquía árabe. 

Fotografía tomada de: http://alriyadhdaily.com/img/2017/10/24/e50fdef6068145e5bbe03773b2946446.jpeg

Redacción de la Revista Biblioteca Islámica
San Salvador 

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