Conferencia de Oswaldo Escobar Velado sobre Nazim Hikmet. Breve introducción por Bilal Arif Portillo*




Referente de la literatura salvadoreña, soldado de la palabra, miembro de la Generación del 44 y uno de los mentores de la Generación Comprometida de El Salvador, Oswaldo Escobar velado tiene razón al decir en esta conferencia que: «La grandeza de la poesía reside en la universalidad», porque él mismo es un poeta de la universalidad. Doctor en jurisprudencia y poeta, poseedor de una vasta cultura literaria, en esta conferencia introduce a los salvadoreños al poeta turco Nazim Hikmet. Hikmet es el poeta turco más conocido y tal vez el más traducido al español, su carácter de universal lo comparte con el también poeta Yunus Emre, Vala Nureddin y el novelista Orhan Pamuk. Nazim gracias a su palabra suelta e insurrecta probó la hiel de la cárcel, el exilio y la persecución política, a lo mejor y por eso escribió que «Tu más serio quehacer será vivir…». En fin el centro de todo esto es la conferencia sobre Nazim que dictara en los sesenta Oswaldo Escobar Velado y de la que tuve conocimiento gracias al texto: Oswaldo Escobar Velado y la Generación del 44 de la ensayista Matilde Elena López, quien en este breve escrito dice: «La estética de Oswaldo Escobar Velado, su doctrina poética, la dejó esbozada en sus conferencias sobre Nazim Hikmet y Miguel Hernández» (1). Y es que todo apunta a que Nazim encendió en Escobar Velado y también en Roque Dalton sentimientos de gran complicidad, de historias gemelas en la vida y en la poesía, si es que existe separación entre ellas, Dalton le ha dedicado por ejemplo el poema Carta a Nazim Hikmet, y no solo se lo ha dedicado sino que es una confesión de plena identificación con el poeta de Turquía:
Camarada Nazim: le escribo
desde la vecindad del sobresalto
desde la Quinta Bartolina de Penitenciaría Central
de El Salvador.
No había podido hacerlo antes
porque estaba libre
y con la juguetona y burbujeante libertad uno
no puede elevar las palabras
a lo alto de los presos
de los antiguos presos
que como Ud.
señalaron la ruta para mirar la cárcel
como un minúsculo paso…(2)

Ahora bien es Matilde Elena López quien de forma magnífica logró encapsular ese aparejamiento entre Velado y Nazim -y también con Dalton- al develar que:

Él también, como Hikmet, era  alegremente fiel a su ideal, heroico sin artificio y sin amargura, abierto y generoso como el Lempa. Y como Nazim, ganaba todos los corazones a su paso (3).

De acuerdo al criterio de Matilde, Velado logró penetrar en el sentimiento poético de Nazim porque los caminos transitados fueron similares y esencialmente porque sus agonías fueron las mismas aunque los separara una distancia geográfica más profunda que el Bósforo.

Debo agradecer al poeta y editor Roberto Guevara quien desde su reducto cultural «La Caverna» puso en mis manos la edición de la Revista la Universidad en donde fue publicada esta preciada conferencia.


*Articulista y ensayista, editor de la Revista Biblioteca Islámica (www.redislam.net) y director de Arte y Cultura de la Asociación Cultural Islámica Shiita de El Salvador (www.islamelsalvador.com)



EL GRAN PRESIDIARIO NAZIN HIKMET
Oswaldo Escobar Velado

Difícil es para nosotros los centro-americanos escribir un artículo completo sobre el gran presidiario Nazin Hikmet, porque las fuentes de información con que contamos son casi inexistentes.

Hasta hace muy poco tiempo la figura del gran poeta turco nos fue revelada, en una edición publicada por la editorial Lautaro de Buenos Aires, Argentina en 1953, traducción de la edición francesa publicada en 1950 como una selección antológica presentada con la introducción de Tristan Tzara y con un epílogo de Hasan Gureh.

Se trata pues de una traducción y muy a pesar de ello la poesía del Gran Presidiario como yo llamo a Nazin, nos resulta limpia, serena, clara y bella. No miento al afirmar que los poemas de Hikmet parecen escritos por un poeta de nuestra lengua.

Nació este poeta en 1902.

Su vida y su poesía son una sola cosa. El hombre va con el poeta de la mano y los dos “emplean la lengua fresca y expresiva de las masas”. Los dos se confunden en la lucha popular y un día amanecen en la cárcel.

Afirma Hasan Gureh que si se suman las condenas de Nazin hacen un total de 56 años de prisión, de los cuales cumplió trece años en 1949, se inicia un movimiento mundial por su liberación y su nombre se hace mundialmente famoso, por el número y calidad de los intelectuales de todas partes que luchan tesoneramente para que el gran poeta turco recobre la libertad.
En el recinto carcelario de Brusa, escribe y sueña. Dice Gureh “hermoso como un Dios, alegremente fiel a su ideal, heroico sin artificio y sin amargura, abierto y generoso como una fuente de Anatolia, Nazin Hikmet gana todos los corazones a su paso. Es tan comprensivo y tan franco con los otros presos, como lo era con sus adversarios y sus camaradas “Su lirismo, en lugar de agriarse, adquiere en la prisión un acento más tranquilo”.

En esta época de su presidio en Brusa es cuando escribe sus mejores poemas. Los más sencillos, sin frases y figuras retorcidas; llama al pan, pan y al vino, vino. Esta sencillez es para mí la almendra de la verdadera poesía revolucionaria, de la que se adentra sin esfuerzos en las masas para que éstas entiendan y sientan el mensaje del poeta. Cuando los poetas llegan a encontrar esta sencillez pueden estar seguros de que han llegado a la universalidad de la poesía, y de que la lámpara de su vigilia no en vano quemaba los aceites más ardientes.

¿Quién en América no va a comprender, sentir y querer los versos de Nazin? ¿Quién no va a sentir su amargura y su entusiasmo en la cárcel de Brusa, si aquí en América, repúblicas enteras han sido como enormes prisiones, donde no se respeta al hombre, ni a los principios, ni a nada, ni a nadie…?
Si aquí en América, los hombres que viven y piensan para el pueblo, los que quieren señalarle un destino mejor, no son más que sombríos presidiarios… y por eso es que entendemos los cantos de Nazin… 

Mi única en el mundo:

“Estalla mi cabeza, mi corazón flaquea” -dices en tu última carta-.
“Me moriría, si llegan a colgarte, si te pierdo.
Tú vivirás, mujer,
Y mi recuerdo, igual que una humareda
Se perderá en el viento.
Tú vivirás, hermana del leonado cabello que tanto amo.
Los muertos no preocupan más de un año
A los que viven en el siglo XX.
La muerte...
Un hombre que se mece colgado de una cuerda:
A semejante muerte
Mi corazón no puede resignarse.
Pero, querida,
Tranquilízate:
Si la mano velluda de algún oscuro cíngaro
Termina echándome la soga al cuello,
Ellos en vano mirarán
En los ojos azules de Nazim
Para ver allí el miedo.
En el alba de mi última mañana
Veré a todos, a ti y a mis amigos,
Y llevaré tan sólo bajo tierra
La pesadumbre de un canto inconcluso.
Mujer,
Abeja mía del corazón de oro,
La de más dulces ojos que la miel:
¡Para qué te habré escrito que pedían mi muerte!
El proceso recién ha comenzado.
No se arranca, nomás, la cabeza a un hombre
Como se arranca un rábano.
Vamos, no te preocupes:
Tal posibilidad es muy lejana.
Si tienes unos pesos,
Cómprame un par de calzoncillos largos,
Pues todavía sufro de aquel reuma en la pierna.
Y no olvides que la mujer de un preso
No debe tener negros pensamientos...”

“La grandeza de la poesía reside en la universalidad. El poeta es grande en la medida en que el universo que lleva en sí desborda los marcos de su persona para integrarse en el mundo viviente”. Y esto es precisamente lo que ocurre en Nazin, su mundo poético pasa a formar parte del mundo universal de la poesía. Sus poemas pueden ser sentidos por cualquier hombre, de cualquier parte, porque sus versos encierran “hechos poéticos” que en cualquier lugar de la tierra ocurren casi a diario. La crueldad del gobierno turco contra Nazin es la misma crueldad que el llamado Generalísimo Franco empleó contra Miguel Hernández, hasta lograr su muerte. Crueldad en Turquía, crueldad en España, crueldad en América… y en toda la tierra contra los poetas de la palabra armada.
Estos poetas, estas voces justicieras, que cantan e increpan, están condenadas de antemano por todos los gobiernos que en nombre de principios legales que se violan a diario encarcelan, y destierran a los que tienen el coraje de hablar claro como Cantaliso.

La cárcel de Brusa fue el clima de la más alta rebeldía de Nazin, lo mismo que la cárcel de Alicante, maduró y dio más fuerza a la poesía de Miguel Hernández.
Yo siempre he creído y lo digo por experiencia, que las penitenciarías , los largos, dilatados y tenebrosos exilios son los acicates más penetrantes para que un poeta se defina como un soldado de la palabra popular o como un claudicante, un pobre canario que no sea sino para alegrar las mañanas de una vieja solterona y beata.

Esto lo digo por experiencia. Si no hubiera sido un día, en una casa de la Cuesta de Moras, en San José de Costa Rica, donde acomodaba mi destierro de poeta joven…
Si en una tarde Manuelita Franco no me hubiera preguntado quién era el indio Farabundo, yo no hubiera conocido y amado tanto a este hombre, semilla universal, llama epopéyica y yo no hubiera podido decir nunca, con todo valor y con toda certeza:

“Lucho por los desterrados de la tierra y más de algún imbécil
me llama comunista, porque soy justo y bueno y no pierdo mi tiempo cantándole a las rosas y en todas partes grito para que se oiga que hay injusticia, mucha injusticia suelta por el mundo, y que hay dolor,
dolor en medio de todas las cosas hasta debajo de mi cenicero” (O.E.V.) (4)

Si yo no hubiera estado desterrado mi palabra se hubiera quedado entre cosas inútiles. Hoy no sería poeta, sería un burócrata, podrido entre los códigos y los expedientes de algún Tribunal, o tal vez un Subsecretario de Estado o me hubiera casado con una vieja rica como hacen los jóvenes que triunfan en la vida, según opinan los últimos reductos de una clase en completa decadencia. Pero el exilio y la cárcel me enseñaron a pensar y a querer el pequeño poeta que en mí se iniciaba agitando bandera redentora.
Si no hubiera sido el viento huracanado del exilio, jamás habría sabido apreciar, en todo el valor que se merece, ese maya enorme, señor de la leyenda antigua, repartidor de mañanas amplias y sonoras, cultivador del maíz musical de la poesía… ese maya enorme que se llama, aquí y en todas partes, desde Guatemala hasta los arrozales de China, Miguel Angel Asturias así… popularmente.
Y si Otto René Castillo, no hubiera salido de su patria con el dolor del exiliado, estoy muy seguro, muy seguro… que Guatemala no tendría en él a un poeta verdadero… tendría tal vez… a un poeta deportivo!
Las cárceles y los destierros son el vino más tonificante para los poetas del mundo.
Nazin, es la confirmación más exacta de lo que afirmo. 13 años en la cárcel de Brusa.
Y un día, el 14 de julio de 1950, se abren las puertas de la prisión para devolverle al mundo a Nazin Hikmet, el poeta más jubiloso y tutelar que actualmente tienen todos los pueblos de la tierra.
Fuente: Revista la Universidad, números 1 y 2, enero/junio 1961, año LXXXVI, Editorial Universitaria, San Salvador, El Salvador C.A.
Transcripción: Redacción de la Revista Biblioteca Islámica.

Notas:

1. Matilde Elena López, Ensayos literarios, Dirección de Publicaciones e Impresos, colección Biblioteca Básica de la Literatura Salvadoreña, San Salvador, primera edición, 1998, página 93.
2. Matilde Elena López, Ensayos literarios, página 93.
3. Roque Dalton, Una ventana en el rostro, Dirección de Publicaciones e Impresos, colección Biblioteca Básica de la Literatura Salvadoreña, San Salvador, primera edición, 1996, páginas 107 y 108.
4. Poema titulado Contesto tu carta vieja amiga, los versos publicados en la Revista la Universidad presentan leves diferencias con la versión publicada en 1997 bajo el título La tierra azul donde el venado cruza, por la Dirección de Publicaciones e Impresos, colección Biblioteca Básica de la Literatura Salvadoreña en la página 138.


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