Una revolución forjada sobre fuego puro


Me imagino el momento en que el Ayatolá Jomeini desciende del avión de Air France, lo espera una multitud sin precedentes en Teherán, todos vitorean, cantan y enarbolan himnos en honor al triunfo de la Revolución. Ese estallido de júbilo y esas sonrisas que solo la miel del éxito puede generar, no durarían mucho, después se convertirán en fragmentaciones. Y es que a 39 años de su llegada, es una Revolución que tiene sus mártires, sufrimientos, aislamiento, embargos y enemistades encarnizadas; en sus primeros pasos ya tenía iniciada la cosecha de mártires –Mutahharí por ejemplo– y las primeras señales de cáncer –Bani Sadr por citar un caso–. También habría de enfrentarse abiertamente con el rechazo mundial, empujado, obviamente por la enemistad gratuita de los gobiernos de EE.UU, Israel y algunos países europeos, de hecho estos orillaron a la Revolución a defenderse de Sadam Hussain en la llamada –por los iraníes– «Guerra Impuesta (1980-1990)» que duraría un decenio y cuya meta era la desmembración de la joven revolución. Casi veinte años después los gobiernos enemigos de Irán intentaron aprovecharse del empuje de las entonces fashion primaveras árabes, y en 2009 quisieron asestar un golpe severo al gobierno iraní bajo esta modalidad pero no pudieron y pusieron en su lugar los ojos en la cercana Siria. A esto habrá que añadirle los intentos de asesinato y los muchos muertos en varios atentados, y otras cosas macabras y condenables, bien dice el poeta y ensayista mexicano Octavio Paz que: «El ideal del diablo es la indiferencia universal».

Vemos entonces que los esfuerzos por debilitar y  arrancar del seno de la tierra y de la historia política a la Revolución fueron siempre intensos y cargados de gran virulencia. En diez años había ya más lágrimas que alegría. Los siguientes veinte años transcurrieron bajo una dinámica parecida aunque matizada con triunfos políticos de altura de parte de la diplomacia iraní, y de un progreso científico y militar considerable, hasta llegar a ser no solo la envidia de las monarquías y emiratos árabes, sino la primera potencia política, militar y económica del Mundo Islámico.

En la actualidad este movimiento cuenta con sus enemigos apriorísticos dentro del Mundo Islámico, esos que a toda costa le desean el mal con energía desbordada, ahí están por ejemplo los militantes salafistas o los aún más extremistas wahabíes que son como dice Ernesto Sabato verdaderos «Loros repetidores de libros santificados».

Es obvio que esta Revolución es perfectible, y sus líderes deben escuchar las críticas orientadas a mejorarla y fortalecerla, y no hablamos de aquí de propuestas estilo primaveras o movimientos verdes, sino aquellas que surgen de la buena voluntad política de construir un país y un pueblo cada día más fuerte.

A pesar de todo y casi con cuarenta años de su empoderamiento esta Revolución sigue forjándose bajo fuego puro, bien decía el filósofo estoico y -padre del ensayo- Séneca que solo a los mejores hombres se les prueba con las cosas más duras, con el hierro más candente.

Redacción de la Revista Biblioteca Islámica
San Salvador, El Salvador C.A.

Febrero de 2018

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