Poeta salvadoreño recibe premios literarios en Irán



Contados con los dedos de la mano son los escritores salvadoreños, cuyo trabajo literario ha podido llegar al Medio Oriente, ese lugar de embrujo y de las Mil y una noches, algunos poemas de Roque Dalton al árabe, la novela Un día en la vida de Manlio Argueta al persa y algunos otros textos, pero la verdad muy pocos. La lejanía cultural, religiosa, lingüística y social a veces edifica muros difíciles de sortear, y hace que a la literatura centroamericana se le complique abrirse camino en las dunas del desierto; pero lo consigue aunque sea a cuenta gotas. En este caso el poeta salvadoreño Mustafa Al-Salvadori, originario del municipio de Apopa al norte de San Salvador, fue reconocido con el premio Eshragh de poesía junto al paquistaní Ahmad Husseiní, según lo informa en su sitio web la Agenciade Noticias Coránicas de Irán. Este premio se entrega todos los años en la ciudad de Qom y pretende reconocer el aporte cultural y poético de los galardonados. A los ganadores se les entrega una placa más una suma en efectivo. Dice literalmente la nota que:

«Durante la ceremonia se premió a los ganadores de las diferentes categorías, además hubo entrega de  dos galardones especiales para los poetas Seyyed Ahmad Husseiní de Pakistán y Mustafa Al-Salvadori de la República de El Salvador, por su servicio a nivel internacional al campo del arte, la cultura y la poesía.»

Al-Salvadori también fue reconocido por los organizadores del Festival Internacional Sheij Tusi en el campo académico con una mención honorífica por su tesis de grado presentada en la Universidad Internacional Al-Mustafa de Irán, de la cual también es catedrático y que es una de las casas académicas más prestigiosas del país, esta mención conlleva la entrega de un diploma y una suma de dinero.

Mustafa Al-Salvadori ha publicado tres libros de poesía, El corazón en la revolución (poemario publicado por la casa editorial iraní Elharme Shargh), La sombra que sueña con vos (publicado por la editorial Fátima Az-Zahra de El Salvador y Mil amores y una eterna soledad, publicada siempre en El Salvador por la misma editorial. Los rasgos de su trabajo poético son el resultado de un proceso de hibridación bastante exótico en el que se mezclan varios afluentes: lo dadá, el Islam, lo persa y lo latino, una poesía a cuatro espejos como el título de un poemario del también salvadoreño David Escobar Galindo. Además durante varios años se dedicó en su natal El Salvador a las artes escénicas, la antropología, los idiomas y el trabajo editorial (fundador de la Revista Biblioteca Islámica), faceta en la cual también desde hace más de 10 años destaca gestando y traduciendo libros para editoriales iraníes. Es conocido de igual manera como un activo difusor de la cultura islámica en América Latina, especialmente en Centroamérica (fundador y presidente de la Asociación Cultural Islámica Shiita de El Salvador) en donde es el dirigente musulmán chií más reconocido y de mayor trayectoria.

El escritor y Premio Cervantes, Sergio Ramírez dice acertadamente que en temas de literatura y arte no existen las llaves inglesas, no hay recetas mágicas, solo talento, trabajo e imaginación.

Dos poemas de Mustafa Al-Salvadori:

Grito en reposo

Vos que andás
enmarañada entre genios y noticias, investigando las nubes sin prisa, los nudos del tiempo, las difusas dicciones
de nuestras lánguidas naciones:
vení, detenete un instante
y dejá que el viento
haga levantar el vuelo
de tu mirada parda
de mujer combatiente, centinela de Palestina, artillera fugaz
ensimismada en el martirio. Mientras tanto
buscaré
-imprudentetus
sentidos que no me sentirán
ni siquiera en las luengas
y rectilíneas tardes de invierno
en que lluevan soledades
y recuerdos mustios, sin rosas ni soles
que endulcen y llenen
tu alma de oriol
de alas lejanas y profundas
que cubren el beso del crepúsculo
en los ojos del gato. Guardá el mutismo de la luna
y mirá esa gata persa
que trajina entre genios y noticias:
su murmullo es como el tuyo
tan magno y colosal
mas con una funda de exigüidad
pues finge ser chiquito
pero es capaz de hacerse grito
si la invasión llega hasta vos.

Errata

En el justo instante
-casi irreal-
en que
el altanero semáforo
se sonrojó,
un niñito
de cachetes cenizos
comenzó su búsqueda
y te encontró,
limpió el parabrisas
de tu carro pequeñoburgués,
le miraste con fijeza
y él correspondió.
Al entregarle
tu mano
una moneda
de veinticinco centavos,
sus famélicos labios
se estiraron
como plastilina
(entre los dedos de tus hijos)
y tú pensaste
que te sonreía...
Por favor
no seas estúpido,
solamente
sintió compasión
al ver
que se te dolarizó el corazón.

Redacción de la Revista Biblioteca Islámica con información de Iqna y Hawzahnews.com

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