En torno al mes sagrado de Ramadán

Como sucede desde hace más de 1400 años, el conjunto de adeptos a la fe islámica esperan - o bueno la mayoría- con cierta ansiedad la llegada del mes de Ramadán, el noveno en el calendario lunar islámico. En los países de mayoría musulmana, en las repúblicas islámicas y en los lugares en donde viven muchos seguidores del Islam, este mes se vive más o menos de manera festiva, con algunos destellos de alegría y con muchas intenciones de cambio y mejora (cumplir con los cinco rezos, seguir la tradición profética con ahínco, convertirse en predicador de la fe, y un largo etcétera), intenciones que pocas veces se cumplen y la vida sigue justo igual que antes de Ramadán, digamos que todo esto es habitual. Lo que resulta preocupante es que haya grupos con tales ansias  de poder y dinero, que ya no les importa el simbolismo y la realidad sagrada de Ramadán.

Uno de los ideales favoritos del Ramadán es la unión de los musulmanes bajo las insignias más representativas del Islam: El Corán y la Tradición Profética. Es obvio que este ideal de unión no se ha cumplido casi nunca, y hoy menos, a pesar de los esfuerzos de personas, grupos y asociaciones en Irán, Egipto, Líbano y demás. La priorización del interés de poder  político y económico sigue siendo la meta principal de algunos grupos poderosos en el ambiente islámico mundial, por ejemplo hay que ver las actuaciones y discursos recientes de los pregoneros de la monarquía saudita (patrocinadora del wahabismo), la indiferencia de la monarquía jornada ante la situación palestina y siria para darse cuenta de su espíritu traidor al Ramadán y los valores del Islam. El Sagrado Corán, ese libro sabio y esclarecedor en sus páginas nos advierte de los enemigos del Ramadán y del Islam en los siguientes términos:

10. No obedezcas al vil que jura permanentemente,
11. Al difamador que siembra la discordia,
12. A quien se niega a hacer el bien, al transgresor, al pecador,
13. Al arrogante y además bastardo,
14. Porque tenga bienes e hijos.
(Capítulo 68 «El Cálamo» )


Ahí está la descripción de los diseminadores del espíritu anti-islámico de nuestra época, los mismos que asediaron al Profeta y asesinaron a su Familia.
San Salvador, Mayo, de 2018
islámica esperan - o bueno mejor digamos la mayoría- con cierta ansiedad la llegada del mes de Ramadán, el noveno en el calendario lunar islámico. En los países de mayoría musulmana, en las repúblicas islámicas y en los lugares en donde viven muchos seguidores del Islam, este mes se vive más o menos de manera festiva, con algunos destellos de alegría y con muchas intenciones de cambio y mejora (cumplir con los cinco rezos, seguir la tradición profética con ahínco, convertirse en predicador de la fe, y un largo etcétera), intenciones que pocas veces se cumplen y la vida sigue justo igual que antes de Ramadán, digamos que todo esto es habitual. Lo que resulta preocupante es que haya grupos con tales ansias  de poder y dinero, que ya no les importa el simbolismo y la realidad sagrada de Ramadán.


Uno de los ideales favoritos del Ramadán es la unión de los musulmanes bajo las insignias más representativas del Islam: El Corán y la Tradición Profética. Es obvio que este ideal de unión no se ha cumplido casi nunca, y hoy menos, a pesar de los esfuerzos de personas, grupos y asociaciones en Irán, Egipto, Líbano y demás. La priorización del interés de poder  político y económico sigue siendo la meta principal de algunos grupos poderosos en el ambiente islámico mundial, por ejemplo hay que ver las actuaciones y discursos recientes de los pregoneros de la monarquía saudita (patrocinadora del wahabismo), la indiferencia de la monarquía jornada ante la situación palestina y siria para darse cuenta de su espíritu traidor al Ramadán y los valores del Islam. El Sagrado Corán, ese libro sabio y esclarecedor en sus páginas nos advierte de los enemigos del Ramadán y del Islam en los siguientes términos:

10. No obedezcas al vil que jura permanentemente,
11. Al difamador que siembra la discordia,
12. A quien se niega a hacer el bien, al transgresor, al pecador,
13. Al arrogante y además bastardo,
14. Porque tenga bienes e hijos.
(Capítulo 68 «El Cálamo» )

Ahí está la descripción de los diseminadores del espíritu anti-islámico de nuestra época, los mismos que asediaron al Profeta y asesinaron a su Familia.

San Salvador, Mayo, de 2018

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