¿De Qué Musulmán Estamos Hablando? por Hanan al-Harbi



Para muchos musulmanes, el Año Nuevo está marcado por celebraciones y fuegos artificiales. También está marcado por un petardo que se apaga: como dijo un amigo mío después de examinar esa lista, "¿de qué musulmanes se trata?" ¿Por qué se hizo esa pregunta? Este amigo, líder musulmán erudito, nunca había oído hablar del 99% de las personas que aparecen en la nómina de “Los 500 Musulmanes Más Influyentes” publicada por el “Centro Real de Estudios Estratégicos Islámicos” en Amman, Jordania, en cooperación con el “Centro Príncipe Al-Waleed Bin Talal para la Comprensión Cristiano-Musulmán” de la Universidad de Georgetown en los Estados Unidos. El medio detrás de “Los 500 Musulmanes Más Influyentes” dice mucho: el “Centro Real de Estudios Estratégicos Islámicos”. Se trata de un organismo de investigación afiliado al “Instituto Real Aal al-Bayt para el Pensamiento Islámico”. Fundado por el difunto rey Hussein Bin Talal, confiado al príncipe Hassan Bin Talal, al príncipe Hamza bin Al-Hussein y al príncipe Ghazi Bin Muhammad, respalda “El Mensaje de Amman” (http://ammanmessage.com/) y “Una Palabra Común entre Nosotros y Usted” (https://www.acommonword.com/), iniciativas que se presentan por lo general como inofensivas.

Dejando a un lado el patrocinio, el listado de los 500 lo produce el “Centro Príncipe Al-Waleed Bin Talal para la Comprensión Cristiano-Musulmana”, financiado por un oscuro saudí conocido por apoyar a la entidad sionista y oponerse virulentamente a los shiitas y a la República Islámica de Irán. Tanto el príncipe Ghazi como el profesor Abdallah Schleifer son miembros de la “Maryamiyyah Tariqah” de Frithjof Schuon (m. 1998), el pseudo-sheik y perennialista (tradicionalista) que promovió la relativista "Unidad Trascendental de las Religiones". El charlatán de Suiza afirmó que se le apareció la Virgen María, le expuso sus pechos, lo invitó a mamar de los mismos la leche de la sabiduría y le hizo revelaciones. También se lo acusó de pedofilia y perversiones sexuales de todo tipo. Los miembros de la “Maryamiyyah Tariqah” están estrechamente asociados con el llamado “Estado Profundo” (poder fáctico que manipula palancas principales del estado desde la sombra para beneficio de gente encumbrada que no da la cara). Los miembros de dicha orden sufí estaban estrechamente vinculados a la monarquía iraní y siguen siendo muy próximos a las familias reales que quedan en el mundo musulmán. Los eruditos de la “Maryamiyyah Tariqah”, gracias a su íntima asociación con las agencias de inteligencia occidentales, se han integrado en el mundo académico y obtuvieron una influencia desproporcionada e inmerecida en lo que hace al discurso islámico.  

El movimiento del "Islam moderado" es tan pernicioso como los líderes espirituales luciferinos que rondan en su entorno. A estos los hallamos en Estados Unidos, Israel, el Reino Unido y sus aliados leales y serviles, es decir, las monarquías en el mundo musulmán. Entre esos eunucos políticos se incluyen “personajes” del Reino de Marruecos, del Reino de Jordania y de los Emiratos Árabes Unidos. Irónicamente, las naciones que promueven el "Islam tradicional" se gobiernan con puño de hierro, aunque cubierto con un guante de seda. Son sociedades donde se ejerce una vigilancia policiaca que barre absolutamente las libertades y no tolera ninguna crítica sustantiva. Son países en los que cualquier desacuerdo se atribuye, con razón o sin ella, a los “islamistas”, como un pretexto conveniente para aplastar la oposición islámica de buena fe. Son naciones que promueven la moderación en casa mientras exportan el extremismo al extranjero a petición del Tío Sam o del Tío Golem o de la Abuela Pirata Británica. Son países que promueven el "Islam moderado" al tiempo que violan leyes, valores, normas éticas y obligaciones fundamentales de la fe musulmana. Su lema es "Haz lo que decimos, no lo que hacemos". En otras palabras, "Musulmanes, sed calmos, serviles y tolerad que nosotros seamos hipócritas, infieles y malhechores".
La edición de 2018 de “Los 500 musulmanes” incluye un llamamiento a la moderación del jeque Muhammad Al-Yaqoubi, erudito sirio que incitó a la gente a rebelarse violentamente contra su gobierno. Aunque se opuso abiertamente al ISIS, apoyó a grupos que comparten la misma ideología salafita, wahhabita y takfirita, perpetradores de crímenes de guerra de todo tipo. “Los 500 musulmanes” sitúan la Escuela Salafita en el marco de la teología ortodoxa sunnita, tratando así de legitimar sus doctrinas antisunnitas y antiislámicas. Esto se ubica en la línea de la “Declaración de Amman”, la cual enfatiza que "no es posible ni tolerable declarar apóstata a quien suscribe al verdadero pensamiento salafíta" (https://alhalaqa.org/2013/05/16/el-mensaje-de-amman/). En efecto, esto significa que los sunnitas, shiitas y sufíes no pueden acusar a los salafitas de infidelidad a pesar de que su propio credo exige la excomunión de los primeros. En un sutil intento de legitimar las enseñanzas de Schuon, el proponente del Tradicionalismo, y ponerlo en el centro del Islam, “Los 500 musulmanes” colocan a los sunnitas, shiitas y sufíes bajo el estandarte del Islam Tradicional cuando, de hecho, el Tradicionalismo, al igual que el takfirismo, se trata de una traición al Islam. Son dos caras de la misma moneda adulterada.
Determinar la influencia de los gobernantes y políticos no es particularmente problemático. Pero sí, por cierto, lo es determinar la influencia de eruditos y predicadores. El influjo, en el ámbito docente, se mide por la educación, el rango académico, la enseñanza de postgrado, el número de estudiantes de postgrado, el número de disertaciones dirigidas a graduados, los cargos administrativos, la excelencia en la enseñanza, la función en los comités universitarios y en los consejos editoriales, las presentaciones académicas, las publicaciones revisadas por pares ―tanto de artículos como de monografías― y la cantidad de citas generadas.

Afirmar que el jeque Hamza Yusuf Hanson es el decimotercer erudito y predicador más influyente y el vigésimo séptimo musulmán más destacado, es cómico. Especialmente porque se lo sitúa por delante de su propio mentor, el jeque Habib Ali Al-Jifri, que es una persona mucho más importante. Además, aunque el profesor Timothy Winter (Sheikh Abdal-Hakim Murad) y la doctora Ingrid Mattson aparecen al final de la lista, en los puestos 32º y 33º, respectivamente, es imposible que se encuentren entre los estudiosos más influyentes en el campo de los estudios islámicos. Ni mucho menos.
El Sr. Hanson es cofundador del Zaytuna College, frecuentado por menos de cincuenta estudiantes. No acredita título de grado de ningún tipo. Carece de rango académico universitario como asistente, profesor asociado o profesor titular. Nunca ganó cargo universitario alguno. Nunca dio a conocer un artículo en una publicación revisada por pares. Los libros que redactó carecen de carácter académico. Simplemente tradujo folletos y es autor de algunos prólogos. Esto no acredita importancia en el mundo académico. Algunos pueden argumentar que Hamza Yusuf es un sheij y no un académico. Sin embargo, incluso de acuerdo con los estándares religiosos tradicionales, su educación y erudición deja mucho que desear. Es un predicador popular y un líder influyente y debe ser descrito como tal: no como un erudito.                          
Por su parte, la profesora Ingrid Mattson ocupó importantes cargos académicos, publicó más de una docena de artículos revisados por colegas y brindó un gran número de conferencias académicas. Sin embargo, publicó solamente un libro: “La Historia del Corán”. Aunque es una académica calificada y competente, palidece en comparación con otros profesores y académicos musulmanes con sede en Canadá y Estados Unidos, quienes, a propósito o por descuido, no aparecen en “Los 500 Musulmanes”.
La promoción de eruditos serviles al servicio del imperialismo está perfectamente en línea con la Propuesta del Ministerio del Interior del Reino Unido para la Promoción del Islam Tradicional, la cual "busca oportunidades, a través del compromiso y el reconocimiento del gobierno, para promover la conciencia de eruditos moderados con seguidores entre los jóvenes musulmanes, como el imán Hamza Yusuf y el imán Suhaib Webb". Estas son precisamente las personas que promueven un "Islam" agradable y apetecible para el Imperio. Este "Islam" occidental anglo-estadounidense pretende ser la representación del Islam muhamadiano, aunque en realidad es, simplemente, la continuación del sunismo precolonial dominante y moderado inculcado por el sufismo. Este es el tipo de Islam que sirvió a los intereses de los califas despóticos. Pero ahora tiene el respaldo no solo de las monarquías deshumanizadas del mundo musulmán sino también el de sus amos: los seculares salvajes y los pseudoreligiosos de los centros de poder occidental.

Aunque el movimiento islámico tradicional no es monolítico y sus líderes difieren en algunos asuntos, comparten ciertos puntos contradictorios: 1) profesan ser tolerantes con los judíos, cristianos y ahmadíes mientras que son intolerantes con los musulmanes shiitas; 2) se oponen al "islam político", que consideran no islámico, mientras apoyan las políticas antiislámicas de Occidente y sus títeres en el mundo musulmán; 3) afirman ser "musulmanes tradicionales" y, al mismo tiempo, afirman ser "musulmanes laicos"; 4) pasan más tiempo criticando la ley islámica que criticando la ley moderna, occidental y secular; 5) afirman ser "musulmanes moderados" mientras apoyan a extremistas terroristas en lugares como Siria e Irak; 6) afirman abrazar el "Islam clásico" mientras apoyan abiertamente el matrimonio gay y la agenda LGBTQ. 

Si bien solo aporto algunos ejemplos de estudiosos que han sido encumbrados indebidamente por los capitostes que manejarían desde la sombra el listado de “Los 500 Musulmanes”, se puede decir lo mismo de muchos más, incluidos aquellos que apenas cuentan en su haber una serie de libros electrónicos. “Los 500 Musulmanes” aparentan comprometerse a enfrentar, entre otros, a dos extremistas takfiríes: a Abu Ameenah Bilal Philipps ―en gran medida responsable de incitar sentimientos antishiitas durante décadas― y al jeque Muhammad Hisham Kabbani, un sufí preparado para obedecer, al igual que otros. ¿Y por qué algún musulmán en su sano juicio daría una lista de "Extremistas musulmanes de primera línea", incluidos escorias como Abu Bakr Baghdadi, Ayman al-Zawahiri y Abubakr Shekau? ¿Lo harían con el objetivo que los jóvenes vulnerables puedan aspirar a entrar en la lista? Evidentemente, no hay ningún problema, per se, en proporcionar una lista de extremistas violentos y terroristas con el fin de denunciarlos. Sin embargo, los “500 musulmanes” tratan a los líderes takfiritas como si pertenecieran a la fe islámica, cuando ciertamente no lo hacen. No tienen de musulmanes más que lo que el Anticristo tiene de cristiano.
El criterio de “Los 500 Musulmanes” es esquizofrénico. Afianza la dicotomía entre el musulmán bueno y el musulmán malo. Afirma condenar al ISIS al tiempo que apoya claramente que se arme hasta los dientes a las fuerzas anti-Assad en Siria y se lleven adelante campañas de exterminio de los combatientes houthis en Yemen, considerándolas esfuerzos legítimos para reducir la influencia iraní ―es decir, la influencia shiita― en el mundo árabe. También intenta pasar por alto el salafismo radical del Reino de Arabia Saudita expandido por todo el mundo, al que lo presenta como víctima de la ideología extremista. Situados en un contexto más amplio, resulta claro que “Los 500 Musulmanes”, la “Declaración de Ammán” y la “Declaración de Marrakech”, no son más que maniobras geopolíticas globales, maniobras de tipo pacíficas que se utilizan en conjunción con la intensa brutalidad bélica y represiva. Son herramientas que forman parte de los utensilios de los poderes hegemónicos. Los imperialistas y globalistas occidentales controlan nuestros países. Nuestros líderes políticos están en sus bolsillos. Es natural que nos dicten quiénes deben ser los musulmanes más influyentes del mundo. En lugar de respaldar a “Los 500 Musulmanes”, deberíamos considerarlos como los galardonados con los Oscar, es decir, como actores principales  en la escena del dominio oprobioso y sometimiento mundial catastrófico.

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