La Llamada de Karbala y lo Increible de Arbain por Dr. John Andrew Morrow



Desde el momento en que abracé el Islam hace más de treinta años, era consciente de la importancia de visitar a los profetas, mensajeros, imames y otros amigos de Dios (la paz y las bendiciones sean con todos ellos).

Como el Más Misericordioso de los Misericordiosos menciona en el Corán, “El respeto a los símbolos sagrados procede del temor reverencial de Dios que tienen los corazones” (22:32). Estos signos o símbolos significan que cualquier persona o cosa que nos hace recordar a Dios nos guía a Dios y nos lleva más cerca de Él.

Yo sabía perfectamente que es una obligación peregrinar a las tumbas del Profeta y su descendencia purificada existiendo la posibilidad de hacerlo. Por algo Dios Todopoderoso dictó al Profeta: “Yo no os pido salario a cambio, fuera de que améis a mis parientes cercanos” (42:23).

La identidad de los “parientes” es indiscutible. Ibn ‘Abbas narró: “Cuando se reveló dicho versículo (el 42:23), los compañeros preguntaron: ‘¡Oh Mensajero de Allah! Quiénes son los parientes cercanos cuyo amor Allah ha hecho obligatorio para nosotros?’ El Profeta ―la paz y las bendiciones sean con él― respondió: ‘Ali, Fátima y sus dos hijos’, cosa que repitió tres veces”.

La categoría del Imam Husein, el nieto del Profeta e hijo de Fátima y ‘Ali, también es innegable. El Mensajero de Allah dijo: “Husein es de mí y yo soy de él” (Ahmad Hakim, Abu Nu‘aym, Dulabi, Tabarani, Bujari, Tirmidhi, Ibn Mayah, Ibn Hayar, Khatib al-Tabrizi).

El Mensajero de Allah ―la paz y las bendiciones sean con él― afirmó que Husein era el líder de los jóvenes del paraíso (Tirmidhi, Ibn Mayah, Tabarani, Nisa’i, Ahmad, Hakim, Abu Nu‘aym, Hayzami, Lumzi, Ibn Hibban, Ibn Hayar, Khatib al-Tabrizi).

El Mensajero de Allah ―la paz y las bendiciones sean con él― declaró que estaba en guerra con quien estuviese en guerra con Husein y que estaba en paz con quien estuviese en paz con él (Tirmidhi, Ibn Mayah, Hakim, Hayzami, Tabarani, Ibani, Khatib al-Baghdadi, Ibn Hayar, Dhahabi, Tabari).

El Profeta Muhammad también proclamó que amaba a quien amase a Husein y que no se sentía cómodo con quien no lo quisiese (Ibn Mayah, Hakim, Ahmad, Ibn Hayar).

El autor en Karbalá, realizando el Arbaeen 2018

La tragedia que acontecería al Imam Husein en el año 660 D.C. no era desconocida para el Mensajero de Allah ―la paz y las bendiciones sean con él―. Umm Salamah, ‘A’ishah e Ibn ‘Abbas informaron que Dios Todopoderoso exhibió al Profeta Muhammad la escena del asesinato del Imam Husein y que incluso el Arcángel Gabriel le trajo un poco de la tierra del lugar del martirio (Tirmidhi, Khatib al-Tabrizi, Ahmad, Bayhaqi). El Mensajero de Dios dio esa arena de Karbala (a Umm Salamah), quien la guardó en una vasija. El Profeta le dijo que esa arena se convertiría en sangre cuando su nieto fuese martirizado. Y así sucedió.

Los enamorados de Ahl al-Bayt me preguntaron varias veces: “Entonces, ¿cuándo vas a conmemorar Arbain?” No me juzgaban ni querían molestar. Simplemente querían compartir ese amor. Los años pasaban. Las décadas pasaban. Y mi respuesta se mantenía: “Cuando llegue el momento, lo sabré”.
  
En verdad, fui invitado a Karbala en numerosas ocasiones. Sin embargo, siempre se presentaban impedimentos: financieros, personales y profesionales. Durante muchos años, simplemente, no tenía los fondos para afrontar ese viaje, mis obligaciones familiares me lo impedían, tenía niños pequeños que cuidar, los compromisos laborales lo imposibilitaban y, por último, la situación de inseguridad en Irak duró mucho.

Siempre dije: “cuando llegue el momento lo sabré e iré”. Y ese momento llegó en agosto de 2017. Un maestro y mentor mío había viajado solo a Irak para Arbain hacía poco. Este es el hombre que me había enseñado la lección más importante para esta y la otra vida: el amor al Profeta y su familia ―la paz sea con todos ellos―.

Estudié por mi cuenta el Islam desde los 13 a los 16 años. Cuando finalmente me di cuenta de que siempre había sido musulmán, necesitaba encontrar algunos musulmanes que fueran testigos de mi profesión de fe. Había aprendido el Islam a través de los libros. No conocía a ningún musulmán creyente y observante.

Lamentablemente, los primeros musulmanes que encontré eran yihadistas salafitas-wahabitas. Estuve dos años en compañía de estas personas perturbadas mental y espiritualmente. No tardé mucho en darme cuenta de que desde ningún punto de vista eran musulmanes. Lo que decían y hacían era la antítesis absoluta de todo lo que había aprendido del Corán, la Sunnah y la Sirah. Su visión miope del mundo giraba en torno a la excomunión, la innovación y la prohibición. Estos terroristas, violentos, llenos de odio e intolerantes, intentaron convencerme para que me uniese a la yihad internacional.

Por la gracia de Dios, me encontré con algunos amantes de Ahl al-Bayt. Hablaron del Profeta, Fátima, Alí, Hasan y Husein con profunda reverencia. Me colmaron de alabanzas y bendiciones. Había un profundo contraste con los wahabitas-salafistas que conocí, quienes no mostraban más que desprecio por el Profeta diciendo que era un hombre como cualquiera. Afirmaban que Dios podría haber enviado la revelación a cualquier otro.

Estos hijos de Ibn Taymiyyah y Muhammad ibn ‘Abd al-Wahhab, ridículos e ingratos, calumniaban al Profeta, a Fátima, a Alí, a Hasan y a Husein a la vez que afirmaban que los seguidores de Ahl al-Bayt eran infieles cuya sangre se podía derramar de manera impune. En cierto sentido, Dios me salvó dos veces: cuando desconocía el Islam y cuando se me quiso inculcar un Islam falso, fraudulento. Me di cuenta con claridad que había dos tradiciones: el Islam del Profeta y el antiislam de Abu Sufyan, el Islam de ‘Ali y el antiislam de Mu’awiyyah, el Islam de Husein y el antiislam de Yazid. En otras palabras, el Islam de Dios y el antiislam de Satanás.

Mi amigo y mentor, el hombre que me enseñó la lección del amor, también me mostró con claridad que no se podía amar a Dios sin amar a Su Profeta y que no se podía amar al Profeta sin amar a su progenie. Cuando lo conocí en el Congreso de musulmanes en el año 2017, irradiaba luz y amor al hablar de Arbain. Dijo: “Al experimentarse el amor, se lo quiere compartir con quienes se ama”. Me abrazó y dijo: “Te amo en Dios” y rogó a Dios que me diese la bendición de visitar al Imam Husein ―la paz sea con él―. Su oración tuvo respuesta. Me llamó.  

Cuando el Imam Husein llama a alguien, no lo hace por teléfono. No envía un correo electrónico. No se comunica mediante mensajes de texto. Su llamado se recibe en el corazón. Y eso es precisamente lo que sucedió. Esa llamada la percibí en el corazón. Inundó mi alma y espíritu. Fue tan contundente que podría haber demolido una montaña y transformarla en polvo. Imagínense un clímax mil veces superior al goce físico, que se irradia de los pies a la cabeza. Imagínense un placer tan intenso de plenitud máxima que nos hace llorar de alegría. Imagínense cada átomo de nuestros cuerpos exclamando “¡Oh Husayn!”. Así de poderosa es la llamada del Imam ―la paz sea con él―, el Señor de los Mártires.

Supe entonces, con total certeza, que tenía que ir. No podía decir “no”. Siempre estuve dispuesto a visitar al Amigo de Allah. Pero esperaba una invitación. La tuve. Quedaban unas pocas semanas para el comienzo de Arbain. ¿Qué debía hacer? ¿Trazarme un plan de acción? ¿Hablar con los eruditos que me invitaron durante muchos años? Decidí hacer lo que hice durante bastante tiempo: confiar en Dios. Si el Imam me había invitado, él arreglaría las cuestiones del viaje. Eso es lo que pasó.

Un amigo me preguntó: “¿recibiste el email que me remitieron?”. Respondí que no, en tanto me preparaba para buscarlo. Lo encontré. Era una invitación de la Fundación Horizonte Nuevo, en colaboración con la Fundación Imam Hussain, para unirse a un grupo de eruditos, profesores, diplomáticos, artistas, autores, intérpretes y periodistas que peregrinarían a Karbala.

Mi esposa preguntó: “¿vas a aceptar?”. La respuesta era obvia. Le respondí: “¿cómo puedo decir que no? Rechazar la invitación del Imam sería negar mi identidad y existencia”. Por lo tanto, acepté. Ese llamado persistió día tras día, estando en casa, en el trabajo, conduciendo el auto, andando solo y estando con otros. Se trataba de un llamado espiritual. Se dirigía a mi alma. Poco después se hizo auditivo y podía oír los gritos de millones y millones de peregrinos gritando “¡Oh Husein!” Pude oír los salawats (bendiciones al Profeta y su familia) de la ciudad Santa de Karbala.

Aunque sería difícil obtener un visado en un plazo tan corto, puse mi confianza en el Creador y el Mejor de la Creación. Una semana antes de la fecha estimada de mi partida, mi padre murió y fue revivido, murió y fue revivido, murió y fue revivido, murió y fue revivido y, una vez más, murió y fue revivido. Falleció cinco veces en total. Y mi esposa preguntó: “¿Aún piensas ir a Arbain?”. Respondí: “el padre de mi fe está primero”.

Recibí mi visa el viernes a la tarde y partí a Irak dos días después, el domingo. El viaje fue duro. Con escalas incluidas, tomó 24 horas desde el medio oeste de los Estados Unidos hasta la ciudad Santa de Nayaf en Karbala. Llegué al hotel a las 22:30 donde conocí a mis gentiles anfitriones, la hermana Zeinab Mehanna y su marido, el hermano (en la fe) Nader Talebzadeh, acreditado productor cinematográfico. Comenzaríamos la caminata al día siguiente. Quedamos en manos de guías, organizadores y personal de seguridad competentes, puestos a nuestra disposición por la Fundación Imam Husein. Su profesionalismo y hospitalidad eran inigualables.

La caminata de Nayaf a Karbala no tiene igual. Algunos la describen como la autopista al cielo. Otros opinan que es un ensayo general para el encuentro final en el Día del Juicio. Se trata de una experiencia inigualable. Millones y millones de personas, según estimaciones de 20 a 30 millones de peregrinos, caminan 40 millas desde Nayaf ―la ciudad del Imam ‘Ali― a Karbala, la ciudad del Imam Husein. Es una caminata que atraviesa la historia, el espacio y el tiempo. También es una caminata hacia el futuro. Es un camino de fe que recorre el sendero recto que empieza en el Imam ‘Ali ―el sucesor del Profeta― y finaliza  en el Imam Mahdi, quien establecerá el gobierno de Dios en el planeta y su capital en Kufah. Es la fuerza movilizada de los Doce Imames, la cual liberará a los oprimidos y traerá la justicia al mundo. Cuando salmodian “¡Labayka ya Husayn!” (“¡Yo respondo, oh Husein!”) están canturreando “¡Labayka ya Mahdi!” (“¡Yo respondo, oh Mahdi!”). Comprometen su lealtad al Imam Husein y al Imam Muhammad al-Mahdi. ¡Quiera Dios apurar su reaparición!

Irak es un país que ha sido aporreado, maltratado y violado. Ha sufrido bajo la barbarie del régimen Baath y una guerra fratricida sin sentido (a la que se obligó a entrar a) Irán. Ha sufrido a manos de los norteamericanos guerras agresivas de invasión y ocupación. Millones de civiles perdieron la vida. Aunque Irak tiene una infraestructura pequeña y ha gastado más de 100 mil millones de dólares en la guerra contra el ISIS, alberga, con orgullo y placer, la mayor reunión religiosa del mundo. Se trata de una marcha por la paz que en lo esencial no es noticia para los principales medios de comunicación del mundo debido a que contradice el relato islamofóbico que presentan los mismos.

Los saudíes, con miles de millones de dólares a su disposición, una infraestructura moderna y profesionales para el control de multitudes, se esfuerzan para atender la llegada (a la Meca) de un par de millones de peregrinos, con consecuencias muchas veces desastrosas: miles y miles pisoteados hasta morir. Karbala, una ciudad que apenas puede contener alrededor de un millón y medio de personas, multiplica en cambio su tamaño por veinte o treinta. Pero nadie sale herido, a nadie se pisotea, porque todos los creyentes se comportan de la mejor manera, unidos en su amor al Imam Husein.

Si la peregrinación a la Meca es conmovedora, resulta un pálido reflejo en comparación con la de Arbain. La tremenda capacidad de resolución de los peregrinos es asombrosa. Marchan juntos 20 a 30 millones de seres humanos, de todas las profesiones, clases sociales, razas, nacionalidades y etnias, que hablan todos los idiomas imaginables. Se trata de amantes de Ahl al-Bayt de todos los rincones del mundo, con las banderas de sus países, pero todos unidos bajo la bandera del Imam Husein.

Los más pobres de los pobres preparan con orgullo tiendas de campaña para acoger a peregrinos de todo el mundo. Esos irakíes que carecen de elementos materiales esenciales, dan todo lo que tienen. Ahorran todo el año para dar acogida y sustento a los enamorados de Husein. De Nayaf a Karbala todo se ofrece gratis, en el camino de Allah y por el amor de Husein. Las personas caminan juntas, comen juntas, beben juntas, oran juntas y descansan juntas. Tiendas ubicadas a lo largo de muchos kilómetros ofrecen agua, jugo, té, bocadillos, comidas y lugares para descansar y dormir.

Hombres mayores, literalmente, ruegan una y otra vez para tener el honor de lavar y masajear los pies hinchados de los peregrinos, mientras que otros están igualmente ansiosos de tener la oportunidad de arreglar los zapatos de los peregrinos. Quedé apabullado, sorprendido por esa impresionante muestra de humanidad. Era la humildad de Jesucristo, hijo de María. El cuidado de los peregrinos es considerado un deber religioso. Se instalan más de 10 mil mawakib (tiendas de campaña) ofreciendo comida, bebida, alojamiento, servicios médicos y dentales. ¿En que otra parte del planeta alguien se despierta y descubre que sus anfitriones, de otro país y totalmente desconocidos, han lavado y planchado su ropa mientras dormía?


Fui testigo de hombres que masajeaban las espaldas y hombros doloridos de los peregrinos que transitaban el sendero del Imam Husein, que no es otro que el sendero del amor. Observé a los pastores que llevaban sus ovejas y camellos a Karbala para que pueden ser bendecidos por el Imam. He visto hombres y mujeres mayores exigiéndose al máximo en sus capacidades físicas. Vi a los enfermos, débiles y minusválidos esforzándose por marchar por su propia cuenta o llevados en sillas de ruedas por sus seres queridos.

Vi decenas de niños y bebés con vinchas o bandanas rojas. He visto millones de personas, vestidas de negro ―el color del Profeta y su progenie― moviéndose como las olas en un océano de humanidad. Y sobre ese mar he visto réplicas del arca de Ahl al-Bayt, haciéndose eco de las palabras del Profeta: “Mi Ahl al-Bayt es como el arca de Noé. Quien se embarca en ella es salvado y quien se aparta de ella perece” (Hakim, Ahmad, Fakhr al-Razi, Bazzar, Ibn Hayar, Suyuti, Tabarani, Abu Nu’aym, Dulabi, Qunduzi, Saban).

La marcha tiene una gran riqueza simbólica. Es ardua. Requiere disciplina. Se hace sacrificada. Refleja el viaje de la vida y el camino del alma humana. En última instancia, es una gratificación eterna. Los mensajes que enviaba a mi esposa durante mi esforzada caminata física y emocional, son indicativos del impacto de Arbain:

Todo es impresionante. Apasionante. Una experiencia que cambia mi vida. ¡Labayka ya Husayn! (¡Yo respondo, oh Husein!) Este es un lugar en donde el cielo entra en contacto con la tierra. Debes visitar a los Imames. Tu vida nunca será la misma.

El amor a Husein derretirá tu alma y corazón. Nunca fui tan feliz y tan triste al mismo tiempo. Allah ama a los que aman a Husein. ¡Quiera Dios aumentar nuestro amor por Husein!

Podría quedarme toda la vida aquí, junto a Husein. Sufro por tener que irme. Deberías sentir la energía que hay en este lugar. Incluso nuestros huéspedes no musulmanes sienten la santidad. La barakah (potencialidad espiritual) de este lugar es muy impactante.

He hecho amigos. Se reunieron algunas personas realmente maravillosas. Dios bendiga a todos. Este lugar es increíble: 30 millones de personas caminan, oran, comen y duermen juntas. Todo es gratis. Deberías ver cómo homenajean a los zuwwar (visitantes) del Imam Husein. Personas que no tienen nada comparten todo. Ahorran durante todo el año para acoger a los peregrinos. Ancianos piden a los peregrinos que les permitan lavar y masajear sus pies. Nunca he visto tal humildad.

El amor que estas personas tienen por Ahl al-Bayt es impresionante. Su devoción al Islam del Profeta es profunda, impregnada de espiritualidad.

No podía respirar y fui a la clínica médica a buscar un inhalador y más remedios. Me atendieron de inmediato. Ninguna demora. Sin costo alguno. Solo una sonrisa amigable. Todo por el amor de Husein. Nunca se detiene: oraciones, latmiyyat (canto de sufrimiento por el sacrificio del Imam Husein), poesía y salawat (bendiciones), día y noche. Parecía que me había muerto y estaba en el cielo con coros de ángeles. Aquí dejaré mi corazón.

Una peregrinación a Husein vale mil peregrinaciones (de las obligatorias) a la Meca y mil Umrah (peregrinaciones a la Meca no obligatorias). Por cada paso que se da aquí se borran mil pecados, se reciben mil bendiciones y la posición de la persona en el cielo se eleva mil grados. Se deja Karbala libre de todo pecado como cuando venimos al mundo. (El Arcángel) Gabriel desciende todas las noches a visitar la tumba de Husein. Wa Allahi (Juro por Dios) que se puede sentir su presencia.

Las personas que hacen esa peregrinación depositan su confianza en Dios, pero están dispuestas a morir en el camino de Allah. No temen a nadie excepto Allah.

Es agradable no ser la minoría y estar rodeado por Ahl al Haqq (la gente de la verdad) de todos los rincones del mundo. Esta será la capital del Imam Mahdi. ¡Quiera Dios acelerar su reaparición! Quiera Dios concederme el honor de responder a su llamada. No he dejado de llorar desde que llegué.

La peregrinación a Karbala es la cima de la espiritualidad. Todo el evento emana amor. Visité los mausoleos de muchas figuras religiosas, incluido un magnífico peregrinaje a la tumba de Idris I ―tataranieto del Profeta Muhammad― en Zerhoun (Marruecos) y a la de su hijo y sucesor Idris II, en Fez. Si bien la barakah Muhammadiyyah (la bendición Muhamadiana) encontrada entre los hijos del Imam al-Hasan y los fundadores de la dinastía idrisí era poderosa, no estaba preparado para la energía espiritual pura que refulge del Santuario del Imam Husein. Al igual que millones de otros peregrinos, fui atraído magnéticamente por el Santuario del Imam y podría permanecer eternamente bajo la luz espiritual de ese sol. El Imam es la dirección o meta: es el símbolo o signo que apunta a Dios.

Por la gracia de Dios y con el permiso del Imam, pude realizar mi peregrinación a Karbala. Vi el poder de la fe en concreto. La franqueza de los salawat y latmiyyat estremecían el alma. El movimiento de la multitud era impactante y poético. La energía del terremoto de magnitud 7,3 que sacudió la ciudad el 13 de noviembre de 2017, palideció en comparación con las exclamaciones de amor al Imam Husein. Tuve el honor de visitar el Santuario de Hazrat ‘Abbas, el valiente hermano del Imam Husein. Tuve la ventaja de estar en la sección VIP del Santuario del Imam Husein en el punto álgido de Arbain, cuando las emociones explotan como el Big Bang. Tuve el privilegio de reunirme con el Sheij Mahdi, custodio del Haramayn (lugar santo) y representante del Ayatullah Sistani. Fui invitado a dar una charla en el santuario del Imam Husein durante una reunión privada con la presencia de 50 de algunos de los más singulares dignatarios e invitados. Fui uno de los pocos al que se le permitió ver la procesión de Arbain desde la azotea del Santuario.

Allí estaba, en la azotea del santuario sagrado, mientras el sol se ocultaba, caía la noche y  comenzaba Arbain ―es decir, el día cuadragésimo―, rodeado por millones de musulmanes elevados espiritualmente para llegar a Husein, ebrios por el amor a este. Me circundaban las sublimes luces y colores que brillaban desde los lugares santos, en tanto enviaba mis saludos al querido Husein, a quien lo visité luego de décadas de espera: ¡As-salaamu ‘aleika ya Aba ‘Abd Allah! (¡La paz sea contigo Padre de ‘Abd Allah!) ¡As-salaamu ‘aleika ya ibn Rasulillah! (¡la paz sea contigo hijo del Mensajero de Dios!). Tú me llamaste, oh Imam, y yo respondí a tu llamado.

Alabado sea Dios que hizo posible mi peregrinación. Que la paz y las bendiciones sean con el Imam Husein por llamar a mi corazón. Y que Dios recompense a todos los que hicieron una realidad mi participación en Arbain de 2017.

¡Por Dios! ¡Por Dios! Dejé mi corazón en Karbala.

El Dr. John Andrew Morrow (Sheij Ilyas Islam) es un enamorado de Ahl al-Bayt. Es el editor de Islam y la Gente del Libro: Estudios Críticos sobre los Pactos del Profeta.

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