Reflexiones sobre el seminario de cultura islámica por: Andrea Reneé Escalante Almeida (El Salvador)


“No me gusta la palabra tolerancia, pero no encuentro otra mejor. El amor empuja a tener, hacia la fe de los demás, el mismo respeto que se tiene por la propia.”

Mahatma Gandhi

Siempre he pensado que la solución a todos los problemas actuales está en el conocimiento, el respeto ajeno y la tolerancia. Y con seminarios como este, es preciso tender puentes para poner un alto a la intolerancia hacia el islam desde otras religiones y viceversa. A lo largo de los pasados 2 sábados, bastante de lo que creía saber sobre el islam ha cambiado, y he aprendido todavía más cosas, que antes me eran desconocidas.

Al principio, no lograba hacer una clara distinción entre las 2 principales escuelas dentro del islam (Suní y Chií). Gracias a este espacio, he aprendido que los chiítas siguen las enseñanzas de Ali, que, para ellos, es el primer imán y, por lo tanto, es un digno sucesor del profeta Muhammad, y los suníes siguen las enseñanzas atribuidas a Muhammad a través de los sunnas. Fue importante conocer los lugares de gran peregrinación para los musulmanes, como La Meca, Medina y Kerbala, y todo el proceso que debe llevarse a cabo previo a la peregrinación que todos los musulmanes deben hacer, es decir, a La Meca. Por ejemplo, pedir perdón a las personas que se hayan ofendido antes, tener todas las deudas saldadas y, como lo veo, llevar el corazón y el alma en paz.

Me llama mucho la atención el involucrar la religión del islam en política, economía, sociedad, filosofía, etc. pues las mezquitas son también centros de divulgación y conocimiento. Así como el hecho de que, en los países árabes de mayor concentración musulmana, en las universidades hayan más mujeres que hombres. Y es aquí otro punto que ha cambiado de sobremanera mi percepción del islam: el rol de la mujer. Aunque no me termina de quedar claro por qué en muchos de estos países las mujeres son relegadas a muy pocas actividades, me asombra el saber que en la mayoría de universidades árabes, son las mujeres con mayor presencia. Otro aspecto que me parece interesante es el hecho de la vestimenta, pues no hay que negar que la mayoría de imágenes que nos llegan a América de países de mayoría musulmana, las mujeres están cubiertas de pies a cabeza, y en el caso de Arabia Saudita, a duras penas se les ve las caras. Si las mujeres realmente pueden andar como se les plazca, siempre y cuando se respeten las normas del recato, me parece excelente. Sumado a esto, he aprendido a diferenciar los tipos de vestimentas para las mujeres (y para los hombres también). Antes distinguía solo el hiyab y la burka, pero ahora conozco con sus nombres y los puedo distinguir el chador y la niqab.

Todo esto me hace pensar que el hombre también tiene que pasar por cuestiones difíciles, pues al ser la cabeza del hogar, y el que provee a su casa, no puede descuidarse mucho y dejar desamparada a su familia. Algo que me llama mucho la atención también, pues ahora comprendo de mejor manera que el islam es una religión muy estricta en muchos aspectos, muy decorosa y recatada. Y esto lo noto principalmente en la práctica del Ramadán, que puede tomarse como una metáfora para agradecer por la vida que uno tiene, lo que ha ganado, y cómo empatizar con alguien en una situación menos favorecedora que uno.
Siempre supe que no todos los musulmanes están a favor de grupos extremistas dentro de su religión (así como yo, católica, no estoy a favor de los católicos fanáticos de la religión). Diría que la mayoría de musulmanes (sean suníes o chiítas) no están a favor del wahabismo y, por lo tanto, del ISIS. Y es aquí donde veo la principal importancia de compartir conocimientos sobre el islam como cursos como este.

Lastimosamente, parte de la naturaleza del ser humano es generalizar. Que todos los católicos defendemos a los curas pedófilos, que a todos los evangélicos les gusta dar el dinero a sus líderes como sea, que todos los musulmanes son terroristas, que todos los ateos y agnósticos no creen en Dios hasta estar en una situación crítica, y un gran y triste etcétera. Como lo mencioné al principio de este ensayo, la solución a los problemas, no importa lo grande o pequeño que sea, radica en el conocimiento, en comprender el por qué de las cosas, y respetar al otro. Como bien lo dijo Walt Whitman, “cuando conozco a alguien, no me importa si es blanco, negro, judío o musulmán. Me basta con saber que es un ser humano”. Con el acceso a la información con la que contamos actualmente, deberíamos respetar al otro, por el simple hecho de ser humano. Es triste que, aún en el siglo XXI, con tanto avance tecnológico, con las formas fáciles que tenemos para conocer y hablar con otras personas, descubrir culturas, religiones, sociedades y países ajenos al nuestro… la intolerancia esté al orden del día.

Cada vez que veo u oigo un comentario despectivo a una persona, por su género, condición social, color de piel, preferencia sexual, ideología política, religión, etc. veo que perdemos la humanidad en nosotros, y que nos hace falta mucho por llegar a la verdadera paz. Queremos hacer del mundo una extensión de nuestra casa, sin detenernos a pensar que afuera hay millones de personas, con historias e ideas muy diferentes a las nuestras, que pueden aportarnos mucho, y que la clave para llegar a esa tan ansiada paz es escuchar a nuestro alrededor, y un poquito más allá. Cuando juzgamos a un rico o a un pobre, a un hombre o a una mujer, a un blanco o a un negro, a un católico, ateo o musulmán, etc. nosotros mismos nos dividimos.

Gracias a este seminario, he adquirido mayores conocimientos sobre el islam, que estoy segura de que me ayudarán a simpatizar más con los musulmanes, a investigar más, a derribar mitos en mis círculos y crear lazos para respetarnos mutuamente, no porque creamos en Dios, sino porque somos humanos, tenemos sueños y metas que cumplir. Bien dice la Biblia que hay que amar al prójimo como a uno mismo. Y no veo razón alguna de irrespetar a otra persona solo porque su percepción de Dios tiene algunas diferencias con la mía. Son oportunidades como este seminario de cultura islámica en que el conocimiento es la herramienta principal para estrecharnos las manos y ayudarnos porque, más allá de las divisiones religiosas que pueden haber entre católicos y musulmanes, somos al final hermanos. Además, el conocimiento es clave también para dejar de castigarnos entre nosotros por lo diferentes que seamos, pensemos o sintamos, y aprender a aceptarnos y respetarnos, como la Biblia y el Corán nos mandan a hacer.

“Si no podemos poner fin a nuestras diferencias, contribuyamos a que el mundo sea un lugar apto para ellas”
John F. Kennedy

Fotografía de Freepik

*Este trabajo se escribió como tarea final del seminario de Introducción a la Cultura Islámica, impartido por la Asociación Cultural Islámica Shiita de El Salvador en la Casa de la Cultura del Centro de San Salvador.

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